‘I go to church. I rape women’

Entre sombras, el cuerpo de una mujer relata en voz ajena el testimonio de la alienación: Voy a la iglesia. Violo mujeres / Voy a la iglesia. Violo mujeres / Voy a la iglesia. Violo mujeres. Verdadera letanía de fe y violencia extrema.
Afirmaciones que sintetizan las contradicciones de la ortodoxia religiosa y sus prácticas sexistas.
Este vídeo, Double Bubble (2001), es de la artista Maja Bajevic, nacida en Sarajevo, y forma parte del proyecto Habeas Corpus que se ha presentado en el espacio del Centre d’Art de Tarragona.

Tal declaración viril, interpretada por un cuerpo femenino, nos deja aturdidos en la oscuridad del espacio del Tinglado portuario. Implacable consigna de guerra, igual de desoladora como la imagen de una ciudad tras los combates, como la de una comunidad masacrada por el genocidio. La suave coreografía visual, una silueta entre luces y sombras en un espacio interior, nos remite al silencio a pesar de la locura del relato. La imagen desvela un vacío profundo, como el de los infinitos cementerios en Mostar o Sarajevo, como el de las casas bosnianas derruidas hacia dentro. Sin duda es una de las piezas más destacadas del proyecto Habeas Corpus. Y sucede algo muy interesante: el espectador reconoce que el cuerpo y la voz se sienten a sí mismos como un extraño, anulados en sus derechos y pensamiento. La fuerza abusiva de un tercero les priva a ambos de voz propia, convirtiéndoles en una voluntad anulada, la cosificación o el instrumento de otro: Quien no opine lo mismo, debe morir. Es la voluntad de Dios. Yo solo soy el mensajero… declama la voz del testimonio. El trabajo de Maja Bajevic, artista muy requerida en estos últimos años, muestra la dura alienación psicológica y moral, también social, que emana de las contradicciones históricas de la sociedad contemporánea tras el derrumbe de la vieja Europa.

El concepto de Habeas Corpus vincula a la muestra proyectos, que tienen en común la función de la figura del testimonio. La narración de experiencias personales, premisa de la artisticidad, aquí cede paso a la fascinación por el testimonio, por la ventriloquía narrativa y la apropiación como estrategias para nuevos significados acerca de la realidad, la verdad o la historia. La fotografía, el vídeo o las postales de viajes, permiten expandir imágenes y vivencias diversas, fuentes secundarias y no oficiales capaces de escenificar el debate sobre nuestra historia. Son la memoria dispersa y el testimonio documental de los sucesos, los lugares y sus protagonistas.

Como una serie de plegarias, recitadas o cantadas por una persona y repetida, contestada o completada por los demás, el trabajo videográfico de Raquel Sánchez Friera también asume la voz ajena en una escenificación sobre la imposibilidad de la verdad: escuchar y comprender. El arte de comprender significaría que nunca somos capaces tampoco de comprendernos a nosotros mismos, y el cambio de lugar de percepción nos puede ofrecer una perspectiva nueva de la historia que compartimos. En la obra videográfica 1.432.327 m2, la artista suplanta la voz de los testimonios, diversos inmigrantes ilegales que fueron retenidos en centros de internamiento de extranjeros, los CIE. De nuevo aparece la imagen de la alienación. Estos centros de confinación son el símbolo de un gran fracaso social y el perfil oscuro del ideal comunitario.

Ambos trabajos, el de Maja Bajevic y el de Raquel Friera, operan como una recitación y manipulan el anclaje lingüístico, el lugar del habla del testigo, como un escenario de diálogo. Ellas declaman en voz alta un discurso personal, un testimonio sonoro, que frente a la pérdida de un yo, persigue abolir el conflicto entre el identificante y el identificado. Raquel Sánchez Friera aparece en la pantalla con un plano corto y sin contexto, verbaliza sin apenas expresión la voz de los internos que le han descrito la habitación o las condiciones del centro que les recluyó antes de la deportación o la liberación. Lugares de nadie, alienados, ajenos a las leyes y los derechos humanos, arquitecturas que ponen de manifiesto la relación entre la espacialidad y la corporeidad, el control y la vulnerabilidad.

El testimonio, significado por ser una voz que exige atención para desvelar las claves de un conflicto, actúa con firmeza en el trabajo de las dos artistas. Las pantallas de ambos vídeos funcionan como un dueto sonoro, un díptico visual donde ellas y cada uno de nosotros sentimos como algo ajeno y hostil lo que es propio de nosotros mismos.

Exposiciones como Habeas Corpus desmienten el tópico de que el arte contemporáneo no interesa, es totalmente imposible no atender los trabajos que se han reunido en la muestra. Todas las obras hablan sobre nuestra realidad y sus estructuras de discurso, sobre la veracidad de los relatos, también los proyectos de Rabih Mroué, Uriel Orlow, Bleda y Rosa, Kajsa Dahlberg y Teresa Margolles que han participado de este proyecto colectivo.

I go to church. I rape women.Maja Bajevic y Raquel Friera en el CA Tarragona