Le Corbusier quemado en Bogotá

En Queimada, obra de Pontecorvo protagonizada por Brando en 1969, el fuego es la gran alegoría de la insurrección y una muy buena lectura sobre las dificultades de la independencia política y económica en los países latinoamericanos. Un alegato en contra del colonialismo, el capitalismo y la esclavitud. Es decir, la rebelión contra la tiranía del modelo político y económico europeo. Se filmó en escenarios colombianos, la isla imaginaria, y el villano era portugués aunque debería ser francés o español, quizá incluso suizo.

Las imágenes de esta película parpadean en mi imaginación contemplando unas fotografías de Alexander Apóstol ’Le Corbusier quemado en Bogotá’ (2005). Este artista venezolano nació el mismo año de la filmación y la serie de fotografías que cito muestra los restos de un vacío arquitectónico igual de deslumbrante como las hogueras de Queimada. Las imágenes registran el paso de las revueltas estudiantiles de los años sesenta en una zona universitaria de Bogotá, lugar urbanizado siguiendo los idearios del Plan Piloto que Le Corbusier trazó para la capital en los años cuarenta y que Sert también apoyó. La misión social de la modernidad que encarna la arquitectura racionalista presagia así su propio fracaso. La destrucción de los apartamentos tras la sublevación son documentos metaforizantes sobre la violencia que persiste en Colombia y en Latinoamérica, las imágenes congelan el rastro del ideario moderno europeo en muebles y muros desvalijados. Eterna Queimada.

Esta es una de las obras que ocupan temporalmente el espacio de la Casa Capell en Mataró, proyecto del arquitecto racionalista Jordi Capell construida en 1959. Diez artistas invaden este espacio doméstico, ahora ocupado por oficinas municipales del departamento de sostenibilidad, para releer la historia de la modernidad desde sus artefactos e idearios constructivos. El proyecto se titula MODERNITAT AMAGADA (Modernidad Escondida) y consiste en una invitación a autores que desarrollan de forma habitual reflexiones en torno a la arquitectura moderna. La propuesta, iniciativa de la asociación ACM, se plantea no sólo mostrar obras que visualicen este diálogo entre artistas contemporáneos y arquitectura, sino también “mostrar” la casa misma, hoy restaurada e incorporada al patrimonio municipal. Entre la investigación, la interpretación y el compromiso social, las piezas se emplazan perfectamente en este proyecto familiar y expanden nuevas lecturas sobre la memoria de nuestra historia desde la arquitectura y el diseño.

La contundencia del vídeo de Xavier Arenós, ’Madriguera#10. Proun. Desenterrament’ (2012), creo que nunca encontrará mejor cobijo que el pequeño trastero donde ahora se exhibe, en él la sonoridad y el claroscuro del hallazgo arqueológico de una pieza de El Lisstzky adquieren una dimensión épica. También la minúscula maqueta en papel de la ’Maison Bulldog’ (2011) de Jean Prouvé que Dani Montlleó ubica bajo la gélida luz fluorescente adquiere una materialización más literaria que funcional, a medio camino semántico del búnker y la trinchera. Otra pieza que irradia lectura política y sutileza es el dibujo de Regina Giménez, ’Composición en rojo, amarillo, azul y blanco’ (2013), que asimila el trazo de un dibujo de estudio de la casa Masjuan de Capell para desarrollar una fábula visual sobre la sintaxis de la modernidad de Mies y Mondrian, mezclando verdad geométrica y manifiesto simbólico. También las obras de Domènec, Jaume Roura, Terence Gower, Carla Filipe, Eva Fàbregas y Rafel G. Bianchi ocupan diversos espacios de la casa Capell, ahora deshabitada pero contaminada de muy buenas relecturas sobre el colonialismo del pensamiento cartesiano, el capitalismo global y la esclavitud de los ideales de la modernidad. Un proyecto temporal pero de gran interés para el público que puede visitar la casa en horas de oficina.

Arquitecto, matemático y humanista, Capell fue un precursor en sus ideas y un ciudadano comprometido con la lucha y la defensa de los valores éticos. Su gran capacidad de acción le llevó a la defensa de una justa distribución de la riqueza y el acceso de todos los ciudadanos a una cultura superior. El quería hacer posible un futuro más justo, ahora diez artistas le acompañan en esta campaña pedagógica y reconstructiva. El legado de este importante y poco conocido arquitecto catalán, Jordi Capell (1925-1970), es el anfitrión perfecto para un proyecto que abandona los espacios privilegiados del arte a favor de lugares más temporales e inestables, más comprometidos y afines a las agitadas luces y sombras de una hoguera contra el silencio.