Mucho antes de estudiar Bellas Artes y decidir su itinerario en la creación visual, Loreto Blanco ya percibía el misterio de las energías que nos envuelven y generan la vida de la naturaleza. Ella forma parte de ese gran círculo de mujeres sensitivas, como las denomina la neuropsiquiatra Shafika Karagulla, capaces de captar vidas invisibles; las energías que fluyen y constituyen mundos abiertos a los que conectamos a través de un umbral psíquico.

Desde la casa y los paisajes de su infancia, aprendió a mirar hacia adentro y jugar con los colores y texturas de los mundos sutiles, aquellos que la guían desde lo cotidiano a lo imprevisible, lo insólito y lo místico, para devolver al relato de la vida su sentido.Así, sus trabajos ahondan en la dimensión energética de las piedras o las puestas de sol, se acercan a la ingravidez luminosa de los ángeles, ensamblan el cromatismo de la tierra y el cielo o dan movimiento a los seres que nos circundan. La posibilidad de “ver” en el interior del cuerpo humano, la naturaleza o un campo de energía es una habilidad inherente al arte, ahora Loreto sigue trabajando los rastros de este potencial en las serie de imágenes del proyecto Los habitantes de Gaia.

La pintura y la fotografía digital son para la artista herramientas para la canalización, la mediación de un encuentro entre el mundo material y el espiritual, el formato donde plasmar los seres y escenarios ocultos. Para Loreto, al igual que en las creaciones de otras mujeres visionarias, las palabras o las imágenes que se dejan trasportar del ámbito de la practicidad semiótica al de la imaginación constructiva nos ponen en relación con un sistema para redescubrir y representar con formas nuevas la realidad, y liberar al arte de la capitalización de una cultura dominante bajo el paradigma racionalista. Sus obras constituyen documentos visuales para el estudio de una teoría de la creatividad auténtica, aquella que concede gran valor a un viaje arriesgado al interior psíquico del que no hay mapas ni instrucciones. Más allá de etiquetas o parámetros académicos, su obra es la carpintería visual que le permite ver aquello que los ojos no alcanzan: “Ver para hacer ver”.

Las obras que componen el gran poema visual de Los habitantes de Gaia, infografías en color, trasmiten en los títulos y las imágenes un mundo oculto, sobrenatural. Un espacio sin fronteras temporales, donde reconocernos a través del paisaje y sus habitantes: Saima es un ser del universo, Shionte un ser del aire, Corniashà un ser del fuego. Todos estas presencias luminosas, su transparencia, son “seres de luz” que  la artista encuentra sin buscar. Aparecen en el gesto de duplicar la imagen fotográfica con un efecto de espejo confrontado. Las presencias radiantes, desde las energías primigenias, surgen en el espacio limite de la realidad; están allí sin ser vistas, como una sutil bisagra óptica entre la experiencia material y la mística.

Para Loreto Blanco, la experiencia y conocimiento que deviene del arte puede ayudar a redimir y sanar el mundo en que vivimos, generando nuevos territorios donde llevar a cabo otras formas de vivir y coexistir. Las artistas visionarias median en el arte como un proceso ancestral de sanación compartida, una manera de reencarnarse en vida y descubrir el propio destino. Así el arte, sus creaciones visuales, devienen una fuerza interna para compartir. Son todo aquello que el relato de la vida demanda, y que la artista y visionaria Julia Aguilar, Always, describe con un poema coral:

 

“Vamos a remontarnos

con alas o sin alas

sobre el todo y la nada

de nuestro propio ser.”

 

Pilar Bonet

 

Historiadora y crítica de arte

Presidenta de la Asociación Josefa Tolrà (www.josefatolra.org)

 

 

 

 

 

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Devolver al relato de la vida su sentido, Loreto Blanco