Hasta hace poco eran dos personajes desconocidos, dos legados artísticos inéditos. Recientemente el azar las hace emerger de la sombra y resplandecen en el encuentro, como dos “seres de luz” gestadas por la “madre célula”. La primera expresión sobre las entidades luminosas se repite en los textos y dibujos de Josefa Tolrà (1880-1959), la segunda cita sobre el cosmos celular es el nexo filosófico de los escritos de Julia Aguilar (1899-1979).
Ambas, sin formación académica, resurgen en los dibujos y pinturas que realizan, en los párrafos secretos de su escritura y los hilos de los bordados. Para ellas, vivir es una experiencia dolorosa labrada entre pérdidas y nostalgia. Sólo la creatividad gráfica y literaria les aporta la calma interior para el intenso teatro del alma, Josefa repite con frecuencia: “Sólo cuando dibujo me siento en paz”. Dos mujeres desobedientes, mediadoras en la disolución de lo irracional y la validación de una experiencia sobrenatural que las vincula en su creación instintiva, espontánea, clandestina y marginal. Su obra es el resultado de una postura rebelde frente a cualquier autoritarismo estético o psicológico. Como visionarias dan rienda suelta a sus pulsiones más extremas y desafiantes, dejándose guiar por los seres de luz: los espíritus de los muertos.[1]

La historia de su renacer, en el plano de la creación femenina que ahora queremos analizar, acontece alrededor de 1941, en plena postguerra española. En esa época se inicia su labor en la pintura, el dibujo y la escritura. Y lo hacen desde sus lugares de orígen, en la vuelta al hogar, alegoría del reverdecer en el edén familiar tras el desasosiego mundial de la guerra y la soledad de un exilio interior. Josefa cerca del mar, en la costa catalana de Cabrils, Julia en la zona montañosa de la oscense Barbastro. Ellas, junto a otras mujeres de un mismo contexto epocal, son la puesta en escena de un nuevo paradigma artístico vinculado a la experiencia de lo oculto. Sus creaciones son ajenas a la influencia de la tradición artística o de la moda de su época. La técnica y figuraciones que practican se tejen en la inventiva personal de cada autora: trazo a trazo, hasta parir la imagen y su cosmogonía. (figura 1)

Ambas artistas, comparten el contexto cultural de la Europa de las primeras décadas del siglo XX y escriben, bordan o pintan sin presión estética ni académica, sintiéndose mediadoras entre el mundo material y el espiritual. Mujeres en su edad madura, capaces de desplegar las alas de una creatividad que el museo o la historia del arte no puede clasificar porque queda fuera de normas y escapa de toda mirada autoritaria. Su donación estética, los dibujos, escritos, pinturas y bordados, nos enseñan a ver de nuevo y entender que esta experiencia también construye la gran enciclopedia del saber contemporáneo.[2]

La vida y la obra de Josefa Tolrà y Julia Aguilar, junto a otras mujeres artistas y visionarias ya reconocidas, nos regala un espacio para el estudio de la alteridad del mundo contemporáneo.[3] Un regazo donde volver a abrir los ojos y letrear la imagen, allí donde el intelecto se hace frágil y el espíritu se expande. No son casos aislados, forman parte de un gran círculo de mujeres que queremos leer con atención y respeto porque nos ofrecen el reto que ellas asumieron: explorar lo desconocido del mundo interior, los orígenes, y coger las riendas de su vida desde la experiencia espiritual. Mujeres que toman la palabra en el espacio doméstico y que de esta manera trascienden el pequeño escenario del hogar para itinerar en libertad por los espacios sin frontera del alma y el universo. Una forma de conocimiento para reencarnarse en vida. Todas ellas llevan a cabo procesos de creación que emergen de su exilio interior, situándose más allá de cualquier herencia estilística, construyendo el escenario de una nueva visualidad sin fronteras que aparece en la evocación del “otro” que las guía: el verdadero episteme de “la muerte del autor”. Entre todas, gestan una gráfica familiar y una producción que resulta del impulso de la mano que se deja guiar por los espíritus desencarnados: “Un ser de luz me tomó la mano”.[4]

Forman parte de esta genealogía de mujeres artistas, que comparten una época y similares procesos psicológicos, autoras como Hilma af Klint, Unica Zürn, Laure Pigeon, Magde Gill, Emma Kunz, Aloïse Korbaz, Jane Ruffié, Margarethe Held, Jeanne Tripier, Hélène Smith o Remedios Varo, entre otras muchas de reciente estudio que nos fascinan por su energía gráfica y psíquica, por la capacidad para desvelar el dolor y gestionar su renacer. Todas ellas son mujeres y artistas de gran potencialidad psíquica, guiadas por sus espíritus benefactores, combinan el dibujo con los textos y los bordados, practican la sanación o la autosanación y muchas de ellas forma parte de círculos espíritos. Mujeres sabias, resilientes, que reconocen aquello que es esencial para vivir y compartir: la bondad, la fraternidad, la protección de la naturaleza y la justicia social.

En palabras de Maria José González, investigadora sobre la obra de Remedios Varo, la relación de estas artistas con el mundo de la pintura, los tejidos o las recetas sanadoras, se explica como la representación de la revuelta femenina, una capacidad para transformar el propio destino. Muchas de las autoras de esta genealogía a la que pertenecen Josefa y Julia combinan el dibujo, con la escritura y los bordados como una forma de experiencia que no sólo construye el conocimiento, sino que es en sí misma el sentido y la trascendencia:

Algunas críticas feministas, como Nancy Miller y Patricia Joplin Klindienst, han      explorada la idea de que las mujeres utilizan las actividades de bordar, coser y tejer como un lenguaje para contar sus historias y, a la vez, como una herramienta para lograr el dominio sobre su destino. Y además, afirman ambas críticas, tejer es más que un   lenguaje; es también un símbolo de la naturaleza del lenguaje -determinado por el género- y un medio de resistencia.[5]

Y si las labores femeninas, la escritura o la obra gráfica de estas dos mujeres, son la posibilidad de la resistencia no vamos a usar etiquetas o clasificaciones apriorísticas que sirvan para simular una reflexión que evite esa liberación espiritual y feminista. Ellas nos invitan a retomar los caminos y procesos de la creatividad humana en general y la femenina en particular al margen de prejuicios institucionales, doctrinales, culturales o históricos. La creación de autoras como Josefa y Julia desborda los cauces de la historia oficial y nos exhorta a reescribirla, esforzándonos en no autonomizar esferas de la cultura para liberarla de la capitalización de una semiótica dominante.[6]

Ahora, más allá de etiquetas o premisas que opriman esa oportunidad para la resistencia, –arte naïf, art brut, outsider art, arte de enfermos mentales, arte alienado-, sus obras se fortalezen en la potencialidad de ser experiencias que escapan del pensamiento racional y la tiranía de la funcionalidad, verdaderos antídoto de la ceguera del mundo moderno. El arte como proceso de autosanación y reparación, como atalaya para contemplar el encuentro de los mundos, como mediación espiritual entre tiempos, como experiencia desencarnada de la energía o reveladora senda psíquica, son quizás las señales que nos permiten deambular en sus mapas gráficos y servirnos de guía. Con ellas, su vida y sus obras, nos vemos convidados a abandonar las rutas del intelecto en favor de la de los sentidos no reglados, las emociones o las experiencias místicas y extrasensoriales.

En palabras de la crítica de arte Rosa Martínez, al referirse a la obra literaria de Teresa de Jesús, y en relación a estas y otras autoras que comparten su experiencia mística a través de la literatura o el arte: “ En su camino de búsqueda interior, Teresa inicia un proceso de reflexión y autoanálisis a traves del cual se comprende mejora a sí misma, y dibuja y construye el sentido de su vida”.[7] Así como Teresa se entrega al misterio de la vida acogiéndose a su propia alma, aquella que recibe sin esperar nada, las autoras que aquí presentamos también alcanzan la plenitud a través del dolor, el amor y la entrega. Aunque no sepamos definir con claridad en lugar que todo ello ocupa en el extenso ciclo del arte contemporáneo.

El legado de estas autoras contribuye a la necesaria investigación de una visión colateral de la historia del arte del siglo XX, en un tiempo que reclama nuevos lugares y actitudes para abordar el conocimiento del mundo moderno que fenece. Nuestra fascinación por las visiones esotéricas y herméticas, la experiencia psíquica, la espiritualidad no institucionalizada, los trabajos heterodoxos, la creatividad mediúmnica, los saberes alquímicos, el arte como sanación o la creación de las mujeres, conlleva no sólo una revisión de la historia del arte sino también una oferta para emplazarnos en nuevas actitudes políticas. Con ellas compartimos herramientas y aprendizajes para deconstruir las inercias historiográficas, la imposición de los campo disciplinares y atender la creatividad como la suma de experiencias y procesos de conocimiento y no la producción de objetos estáticos en las repisas de un museo ensimismado.[8]

 

Josefa Tolrà. Médium i artista

Ella nació en una pequeña población de la costa barcelonesa, en Cabrils, el 8 de enero de 1880: Josefa Tolrà Abril, Pepeta para quienes le conocen y aman. Su vida transcurre en un calmo entorno rural que nunca abandonará. Josefa, es una mujer de poco recorrido geográfico pero de un gran viaje astral por los mundos sutiles. Sólo se traslada en una ocasión, hasta la cercana ciudad de Badalona, para visitar a una reconocida médium.

De familia humilde y campesina, su vida se expande hacia las dimensiones ocultas a raíz de la pérdida de sus dos hijos varones. El pequeño Pere a causa de unas fiebres, el primogénito Joan en un campo de refugiados al final de la guerra. Estas muertes sumen a Josefa en un tránsito insoportable de dolor, un morir en vida que la recluye en el silencio. Nunca expresó el trauma en llantos, sólo enmudece y se cobija en el hogar, en el claustro materno. Allí vivirá una nueva experiencia, quizás antes presentida, que le permite ver aquello que los ojos no alcanzan y escuchar el dictado de “los seres de luz”. Josefa Tolrà renace en la conexión con los espíritus de los muertos, en el parto de su experiencia como médium. Sin esa práctica nunca hubiese llegado a la experiencia creativa, el arte le permite sortear el precipicio de la depresión y la locura consiguiendo una verdadera transformación (figura 2).

En el primer momento de esta cercanía con la presencia de los espíritus, Josefa siente miedo y pide a su esposo e hija que no le dejen sola en casa. Huéspedes secretos habitan entre las sombras y luces de los aposentos, los rostros y las palabras de los seres desencarnados llenan, poco a poco, el vacío materno. Frente a lo desconocido, Josefa se siente alterada sin saber cómo actuar. Gracias al apoyo de uno de sus familiares, que forma parte de un círculo espiritista, busca el encuentro y la comunicación con esos “seres de luz” que empieza a describir y transcribir en libretas llenas de dibujos y textos. En el primer cuaderno que conocemos de Josefa, el relato se inicia con esta entrada: “Hoy dia 8 noviembre año 1941 Saludos felicidades todos somos hermanos”, así es el génesis de la travesía de Josefa. Los dibujos de este cuaderno desvelan rostros que emergen de las tinieblas, cartografías planetarias y mensajes del más allà que la médium transcribe en aplicada caligrafía o a través de alfabetos desconocidos. La obra de Josefa Tolrà, la lectura de estas producciones, se recopila en una extensa exposición presentada en Mataró en 2013, ciudad próxima a su Cabrils natal, y acompañada de un libro que aporta múltiples direcciones de lectura sobre la autora: desde la antropología, la psiquiatría, iconografía sagrada, simbología del misticismo, espiritismo o crítica feminista.[9]

Josefa llegará al arte a través de su experiencia mediúmnica y con el apoyo de la filosofía espírita. El espiritismo, muy extendido a principios del siglo XX tras la devacle humana de la primera guerra en Europa, se basa en el estudio del origen, la naturaleza y el destino de los espíritus, así como su relación con el mundo corporal, tal y como estableció Allan Kardec en su texto fundacional El libro de las espíritus (1857).[10] Se trata de una filosofía espiritualista que acepta la idea de “Dios como Causa Primera” de todas las cosas y la inmortalidad del alma. Se suma la creencia en la reencarnación y consideraciones de profundidad moral, así como la práctica mediúmnica como via de relación con los espíritus desencarnados. La mediumnidad es una potencialidad que presentan algunas personas y que les permite hacer de intermediarios entre el plano espiritual y el material. Es decir, personas sensitivas como Josefa Tolrà pueden intermediar por la palabra, la escritura, la visión, la audición o la representación gráfica, experiencias con el mundo de los espíritus. Y lo hacen a través de la telepatía o diversas estructuras energéticas donde el espíritu puede actuar sobre el canalizador para transmitir su mensaje. Josefa reconoce esta capacidad cuando ronda los sesenta años, en la madurez. Aunque es fácil pensar que ya anteriormente tuvo pericia de este tipo ya que ejercía como sanadora y se conservan algunas recetas en sus cuadernos.

¿Cual es el inicio de su creatividad?

Josefa Tolrà llega a la creación artística como médium o humilde “mediadora mecánica”, según la frase que acompaña la rúbrica de uno de sus dibujos. En varias ocasiones se refiere al término “médium” y ella misma se reconoce como tal según relata el excepcional documento audiovisiual de una conversación con el poeta Joan Brossa, quien la visitó con frecuencia durante varios años.[11] Las obras de esta autora han de atenderse bajo esa luz espírita, como proyecciones de la comunicación con el universo y sus astros, allí donde conviven los espíritus de los muertos: “Estrella rutilante que al pasar por su esfera deja un rastro de luz”, escribe en un margen del dibujo de fuerza fluídica. Con esta expresión, Fuerza fluídica, Josefa titula muchos de sus dibujos. También Julia Aguilar reflexiona sobre el “agua fluídica” en sus textos, refiriendo como la lluvia es un metabolismo celular fundamental para la vida y su regeneración. El estudio de la fuerza o energía fluídica guía las investigaciones científicas de muchos autores ya a finales del siglo XIX, y la denominada “fluidomanía” se extiende entre los círculos espiritistas así como el entusiamo general por practicar la comunicación no sensorial y la exploracion del inconsciente a través de los médiums o de las mesas giratorias.

La energía magnética i fluídica, invisible en el plano material, se representa en los dibujos de Josefa Tolrà en las rutilantes espirales y linias dinámicas que envuelven las figuras o recorren el espacio (figura 3).  Allan Kardec habló del agente fluídico como una forma de revelación, donde la ciencia física se topa con lo maravilloso, extraordinario y desconocido: los fluidos imponderables, el cuerpo astral, los ectoplasmas y todo aquello que emerge del poder de los magnetizadores, sonámbulos y médiums. Fenómenos que cautivaron a artistas y literatos desde el romanticismo al surrealismo. André Breton y los surrealistas vieron en el fenómeno mediúmnico la máxima realización del acto creador, liberado a través de los mensajes del subconsciente y la poética de la escritura automática.[12] El cuerpo astral es para Kardec, como entre los surrealistas, la energía fluídica suspendida en el infinito del Universo después de la muerte, una parte de lo que denomina la consciencia doble de la materia, una investigación paralela a la que desarrolla la artista sueca Hilma af Klint (1862-1944) en sus extraordinarias pinturas y dibujos mediúmnicos.[13]

El espiritismo encontró su máximo apogeo a finales del siglo XIX y principios del XX, en plena emergencia del capitalismo y el desarraigo entre clases sociales. En este contexto, el espiritismo deviene una compensación simbólica para las clases obreras, un antídoto mental, cultural, social y psicológico que les permite recuperar un patrimonio identitario para aquellos privados de sus raices y ancestros. La doctrina espírita les lleva a recuperar una idea utopista de justicia social y se convierte en la perspectiva profana de una emancipación personal y social: la sustitución de un paraiso terrenal por la eternidad más allá de las religiones institucionalizadas y de cualquier mitología represiva. No debemos considerar el espiritismo como un subproducto religioso, más bien como la secularización o democratización de la trascendencia, una alternativa a la religión de los ricos, como apunta Michel Thévoz refiriéndose al papel de los médiums y sus creaciones gráficas y textuales en el contexto de una Europa arrasada por las guerras y poblada de miles de seres desencarnados: los muertos.[14]

Aunque Josefa, tampoco Julia, no formará parte de grupos políticos ni estuvo adherida a ideologías revolucionarias, ambas coinciden en su oposición a la injusticia social, el descrédito de las prácticas productivas del capitalismo, la intimidación de una gran cultura o la represión de la medicina oficial. Las artistas médiums y visionarias son revolucionarias en esencia, por necesidad. Sin duda, las mujeres son las mayores víctimas en este periodo de expansión de la industrialización, las guerras y el progreso científico. Por ello devienen las canalizadoras para la sanación de todos los males del planeta Tierra: “El fruto de nuestras entrañas celestiales sanará todos los males de la tierra”, en palabras de la médium y artista francesa Jeanne Tripier, coetánea de Josefa Tolrà. [15] Las potencialidades creativas del espiritismo se revelan en los dibujos, textos y bordados de Josefa como una verdadera historia de amor que emerge en el deseo de “creer” en aquello que se esconde y se manifiesta, en las voces redentoras que la guían.

¿Cómo son las obras de esta autora?

Entre 1941 y 1959, Josefa Tolrà realiza más de un centenar de dibujos, escribe e ilustra numerosas libretas escolares y borda exquisitos mantones de seda o lino. Toda esta producción debemos entenderla desde la dimensión mediúmnica, como proyecciones de la canalización de los “seres de luz”. Sabemos que mantuvo contacto directo con personas relacionadas con el espiritismo y que con frecuencia la visitaban miembros de los grupos teosóficos de la zona, vínculos que avalan su labor como médium. También que recibía con frecuencia la visita de sacerdotes que valoraban sus experiencias pseudoreligiosas. A pesar de estas relaciones y controles, Pepeta nunca sufrió exclusión social ni fue diagnosticada o tratada como “loca”. Todo lo contrario, llevó una vida hogareña en paz con sus vecinos, a quienes ayudaba con recetas naturales y rituales sanadores gracias a su don para ver e interpretar los colores del aura que envuelven los cuerpos.

Josefa trabajó sin descanso, dibuja y borda con gestos rápidos y seguros, nunca realiza un esbozo previo y con frecuencia comenta que “son los de arriba” quienes la impulsan en las tareas. La presencia del “otro” significa su auténtica metodología creadora. Sin conocimientos técnicos ni culturales, Josefa aprende de la propia práctica gráfica y dibuja igual como borda, sin modelo previo ni acotación estética. Es importante destacar esta cualidad de su obra: Josefa dibuja y pinta, con lápices de colores, tinta o gouache, de la misma manera que borda, y no al revés. Apreciación que supone una revisión de los parámetros de relación jerárquica entre las labores femeninas y las prácticas denominadas artísticas, de dicción masculina.  Línea a línea, puntada a puntada, va trazando con gesto rápido puntos, trenzados, composiciones dinámicas que generan espirales, flores, calados y transparencias de gran belleza que sólo podemos disfrutar en la distancia más corta, explorando el espacio y descubriendo las más sutiles figuras que allí aparecen (figura 4).

Según Kardec, existe entre los cuerpos materiales y el alma una entidad intermediaria denominada el périsprit (periespíritu), un envoltorio vaporoso, fluídico, que puede verse a la par que revierte en pura evanescencia. Una figura sin forma fija, susceptible de múltiples sombras fantasmagóricas que Josefa visualiza en enormes espirales de color, en leves transparencias o profundas miradas de mujer. Las figuras femeninas son las grandes protagonistas, seres ingrávidos que nos miran sin ver. La frontalidad de los rostros, la intensidad de los ojos y la transparencia de los cuerpos son algunos de los atributos gráficos más extraordinarios de los dibujos, en especial a partir de los años cincuenta, cuando la médium ha conseguido su lenguaje más personal. La producción de esta autora comparte formas gráficas y narrativas similares a otras visionarias, manteniendo cada una de ellas su personalidad y lirismo gestual en singulares arabescos gráficos que emanan bajo la suspensión del control mental.

Los dibujos de esta sencilla mujer expanden toda su energía cuando son tangibles a la visión directa, no en la reproducción fotográfica. Únicamente frente a ellos es posible detectar su misterio, descubrir las escenas secretas, leer las leyendas del dibujo y apreciar la dinámica del gesto y la rutilante energía que compone figuras y escenarios. Los dibujos nos reconfortan en la experiencia de la mirada. Josefa dibuja paisajes y personajes costumbristas, temas históricos, escenas bíblicas y secretas figuras de diosas de fuego, hadas y esfinges.

Una de las pinturas que representa la escena La Santa Cena, tema que repite con frecuencia, trasmuta las figuras de los apóstoles en personajes femeninos, esta feminización supone una magnífica relectura de los textos sagrados. Obra de enorme belleza, en su derroche ornamental, es la escena del Edén. En esta representación del Paraíso, Josefa alcanza sus cotas más elevadas de sutileza y narratividad: Adán y Eva junto al Árbol del bien y del mal, acompañados de animales y seres celestiales, el rostro de Eva acoge un gran momento de éxtasis, similar a la expresión escultórica de Santa Teresa en la obra de Bernini (figura 5).

Los dibujos van casi siempre firmados y datados, en ocasiones los títulos y las leyendas revelan el cariz de personajes y momentos históricos representados: El recibo cristiano de un vidente,  Dibujo basado con la luz del progreso científico Espiritual, Tipos de raza arabe que visitan al Gran Yogo, La hija del Faraón, Abraham dejando la Tierra, Castillo de los grandes condados alemanes, año 789. La mayoría de los dibujos están realizados con tinta, bolígrafo y lápiz, en otros destaca la traza de gouache y de pastel. Los papeles son de escasa calidad y algunos están cosidos a máquina. No apreciamos en las obras de Josefa una voluntad de profesionalización, su dibujo a línea es espontáneo y se perfecciona en la misma práctica del dibujar. Josefa dibuja sin descanso, aprovecha la noches y el imsomnio para trabajar. Una línia circular inicia siempre la labor, un trazo automático que crece en la expansión de una espiral fluídica, y a partir de esta puerta gráfica el dibujo se abre al Universo.

¿Cual es el impacto de su producción?

En 1956 un grupo de artistas y promotores culturales de Barcelona, relacionados con los artistas del grupo Dau al Set y la asociación cultural Club 49, entran en contacto con Josefa Tolrà a través del escultor Moisés Villèlia que tiene entonces su estudio en Cabrils.  De ese encuentro causal se produce la primera exposición pública de los dibujos de Josefa Tolrà en una galería de arte, la Sala Gaspar de Barcelona el 18 de enero de 1956. Fue el psiquiatra Joan Obiols, experto en arte de enfermos mentales, quien elige los dibujos y el crítico Alexandre Cirici Pellicer los presenta relatando a los asistentes las formas y maneras del trabajo de la médium.

Nos consta, por artículos y memoria oral, que el impacto de este encuentro fue desmedido entre críticos y artistas, y que algunos de ellos seguiran visitando a Josefa hasta su muerte en 1959. Quizá autores como Tàpies, Cuixart, Villèlia, Ponç o el mismo Brossa aprendieron algo esencial de los dibujos de la médium, de una autora sin ánsias de reconocimiento pero finalmente capaz de conseguir ese encuentro extraordinario con el más allá de la razón y la visión. El anhelo de los poemas hipnagógicos de Brossa, la contingencia material de Villèlia o el magicismo de Tàpies, se confrontan a la experiencia extrasensorial de las creaciones de Josefa Tolrà y sus poblados escenarios, a una producción que se inscribe en un registro totalmente ajeno al arte, un arte que nace en la inocencia y la plenitud de la verdadera creatividad. Josefa Tolrà falleció en su casa de Cabrils, plácidamente, el 15 de octubre de 1959, iniciando así su viaje por los planetas de nuestra galaxia, promesa del pensamiento espiritista.

Tras su muerte, los dibujos de la médium de Cabrils se presentaron en una muestra amateur en su población a finales de los años setenta y en 1998 en una proyecto artístico en Mataró. En el 2012 aparecen algunos dibujos en las salas del Museo Nacional Reina Sofía de Madrid y más tarde otras obras viajan a París, Lleida, Valladolid y Tarragona en exposiciones y reconocimientos internacionales. Un recorrido vertiginoso entre los mapas espirituales y artísticos de los últimos tiempos. Recientemente la obra que forma parte de los fondos del MNCARS pasa a las colecciones del Museo del Prado, un itinerario laberíntico difícil de explicar en este espacio de análisis.

Josefa Tolrà nunca pretendió trascender en el mundo del arte, sólo actuar en el ámbito de la espiritualidad mediúmnica y la reparación existencial. Pero ahora es el mundo del arte quien la reclama para seguir legitimando la dimensión visionaria de la experiencia creativa: arte y mediúmnidad son tejidos reversibles de un mismo cuerpo.

 

 

Julia Aguilar. Rebelde y artista

Ella nació en una pequeña población oscense, en Barbastro, el 9 de enero de 1899: Julia Aguilar Coscuyuela, Julieta para quienes le conocen y aman. Nació el dia de San Julián, pesó seis kilos y estaba cubierta “con velo”. Este tipo de nacimiento con velo, dentro de la bolsa amniótica, se considera un augurio de buena suerte para el recién nacido y signo de posesión de poderes psíquicos. La presencia de lo mágico y lo oculto le acompañará para siempre. La rebeldía será su táctica de supervivencia.

Su vida, infancia y adolescencia, transcurrirá en un entorno familiar cerrado y conservador hasta que inicia su huida a Barcelona, Madrid y finalmente París, donde pasará los años de la Guerra Civil. Imposible saber la fecha y los motivos de esta partida, anterior a 1926, aunque Julia ha dejado en el rastro del viaje de esos años la sombra dolorosa de la pérdida de su hermana pequeña Encarnación, su madre y su padre. La joven vivaracha y atractiva que es Julia, busca sus sueños y aventuras lejos de Barbastro, pero nunca olvidará el recuerdo amargo de la despedida ni las disputas con su padre. El silencio de tal exilio determina su rebelde personalidad y la radicalidad de una libertad que lleva hasta las últimas consecuencias.

Poco sabemos de sus años en la ciudad de la luz, donde frecuentó artistas y personajes importantes de la política y la cultura. La extraordinaria labor de estudio sobre la biografía y obra de Julieta que han llevado a cabo Antonio Abarca y Antonio Buil, recientemente publicada, nos permite transitar por algunos de los hechos y circunstancias de su vida en los años anteriores a su retorno a Barbastro en 1941. El libro es un gran esfuerzo por reconstruir el rastro casi secreto de Julieta y asomarse al misterio en el que habitó. [16] En los años parisinos frecuentó hombres importantes que la amaban, actuó en cabarets y posa como modelo de artistas. Esos escenarios seran determinantes para Julia, o para Chelin Always, nombre que adopta. Pero es a partir de su nuevo ciclo vital, en el retorno al claustro materno, cuando se inicia la obra de Julia Aguilar, con la poética firma de Always.  Una producción artística y literaria dispersa y casi desconocida que nos atrae por su rareza y fuerza interior, en su pulsión espiritual y ácrata. Un utopismo práctico que Julia asume desde la pobreza de sus últimos años en Barbastro (figura 6).

Cuando Julia se instala de nuevo en su espacio natal, esa naturaleza primordial, abandona el ajetreo de juventud para sumergirse en la experiencia más desnuda de si misma. Es el retorno de la hija pródiga a las fuerzas telúricas del paisaje humano y natural de Barbastro, repleto de la memoria de sus antepasados. La nueva Julia, tras algo más de veinte años de ausencia y alejada de los amores clandestinos de sus años en París, sigue siendo una mujer rebelde e independiente que asume la precariedad, casi la pobreza, con ánimo y generosidad.  Dedicada a repartir periódicos para subsistir, su presencia resulta extravagante a los vecinos, aunque muchos de ellos la aprecian y ayudan. Un testimonio la describe así: “Había sido una mujer bandera, bohemia pero inteligente y muy guapa. Tenía un cuerpo muy bonito. La primera mujer que llevó pantalones en Barbastro. Cuando llegaba el verano se los cortaba y enseñaba las pantorrillas; había quien la insultaba y todo”.[17]

Pero la pobreza material no significa para ella la miseria, todo lo contrario, y Julia vive en estos años un renacer creativo y espiritual, el gran tesoro que eclosiona en sus pinturas y escritos: pinturas al óleo y textos sobre temas cientifico-filosóficos. Para ella la aproximación al mundo espiritual, la vivencia de lo trascendente y los lenguajes ocultos, son fundamentos para su concepto de la existencia y también para las obras. El contacto con lo desconocido le hace renacer en vida.

¿Cual es el inicio de su creatividad?

De vuelta a Barbastro, Julia practica el naturismo y se baña desnuda en las aguas fluviales del Vero. Toma el sol como acto purificador y considera el color amarillo como símbolo de la alegría, felicidad y energía. Viste con personalidad y practica la vida social en conversaciones de contenido, se muestra generosa y caritativa a pesar de su extrema precariedad. Su visión del mundo es a la par mística y científica, esotérica y erótica. Durante estos años realiza un centenar de obras,  pinturas que pueden interpelarse desde una búsqueda impaciente de la belleza entre las sombras del pesar existencial, como la materialidad de todo aquello que configura su mundo interior. En una entrevista Julieta confiesa, de manera lapidaria:  “Nunca he sido feliz”.

Antes de su retorno a Barbastro nunca había desarrollado una labor gráfica, aunque en el colegio demostró habilidad para el dibujo y gusto por las lecturas de Baudelaire. No aprobó ninguna asignatura, pero en cierta ocasión presentó un dibujo magnífico sobre la escena del Edén con Dios, Adán y Eva totalmente desnudos que merecía un sobresaliente que no recibió. Leía mucho, fumaba y se pintaba ya de muy joven, un rechazo contra las norma impuesta en la escuela o la familia. Las primeras pinturas conocidas, lienzos sobre bastidor sin enmarcar, son de mediados de los años cuarenta, aunque la mayor parte de su obra está sin fechar. Pinta al óleo y practica todo tipo de géneros: paisajes alegóricos, figuras costumbristas, escenas religiosas, retratos, flores y arquitecturas. Representa personajes populares y celebridades del mundo del ejército, el toreo o las letras. También recrea escenas místicas y figuras mítológicas, ángeles y demonios. Gran parte de su obra desaparece cuando ingresa en un centro para ancianos, allí su equipaje vivencial se pierde.

Actualmente, se conservan una treintena de obras y entre ellas nos deja un extraordinario autorretrato donde encarna el dolor extremo, a la manera de una Mater dolorosa de mirada extraviada (figura 7). En este retrato aparece la sombra de una Julia que debe emerger del abismo negándose a perpetuar el estigma. Al ser preguntada por su decisión de no tener hijos, ella responde: “No quería tener hijos, para no hacer seres desgraciados como he sido yo”. Una auténtica revelación de su dolor más profundo, camino iniciático hacia los seres de luz que cubren sus estancias. Sin esta experiencia quizá no existiria Julieta Always ni Chelín Always, heterónimos de una mujer enérgica y enigmática, de una fortaleza impresionante que algunos confunden con la locura. Julieta es una mujer sabia, porque discierne sobre aquello que es realmente más trascendente para el futuro de la humanidad.[18]

¿Cómo son las obras de esta autora?

Su pintura es intuitiva y directa, describe el espacio a base de planos sencillos y busca en la pinzelada la resolución de las luces y las sombras. No es una obra subsidiaria del patrón académico. Es, sin duda, el resultado de una deriva psicográfica entre recuerdos, ausencias, visiones y goces espirituales que la conectan con un más allá de lo material, en ese espacio donde cohabitan los tiempos. Uno de los óleos, titulado Galería de retratos 1, representa las figuras de célebres escritores, todos ellos con anclajes visionarios: Victor Hugo, Blasco Ibañez, Rabindraneth Tagore, Shakespeare, Dante y Cervantes.[19] Quizás fueron autores de sus lecturas, pero resulta interesante destacar que en esta iconografía de celebridades coincide con Josefa Tolrà, quien también dibuja y cita a importantes protagonistas para el desarrollo de las artes, la ciencia y el progreso: Julio Cesar, Cervantes, De Vinci, Napoleón o Mossen Cinto Verdaguer, entre otros.  Obras que podemos leer como testimonio biográfico y así mismo un homenaje y reconocimiento del saber.

Obra extraordinaria de Julia es la pequeña pintura Ángel con Dragón, sin fechar. Una de las más alegóricas y exultantes de cromatismo. Entre rojos y matices aúricos, aparece en la parte superior un ángel de alas extendidas que cubre un espacio de luz donde se esconde, bajo una cruz, el perfil de un réptil. Como describe Antonio Abarca en el catálogo de las obras de Julia Aguilar, esta imagen recuerda el Tercer Ángel del Apocalipsis descrito en el beato de Tábara, del siglo X (figura 8). La pincelada de Julia, como el trazo de Josefa, es de gestos curvilíneos que se sobreponen creando efectos de transparencia. En sus obras, la frontalidad de los personajes y escenas denotan ese lenguaje primario que define la gráfica de ambas autoras, aunque el aprendizaje de la práctica hace evolucionar y enriquecer los recursos de la representación. Sin estudios artísticos, Julia se desenvuelve entre colores y escenas hilvanando un texto tremendamente expresivo. Una forma de resistencia personal, una lucha contra el tiempo lineal, sin duda.

Julieta nunca comercializó sus obras, tampoco Pepeta. Ni codicia material ni arrogancia artística, sus producciones son el resultado de la intensidad de momentos vividos sin ningún ánimo de lucro. Ambas se refieren a un mandado superior al justificar sus labores, se sienten guiadas por algo y alguien defuera el mundo corpóreo. Las autoras se expresan como mediadoras de los espíritus, en el caso de Josefa de forma más rotunda y en el caso de Julia como algo que hay que leer entre línias pero que sin duda es la esencia de su actividad creativa. En ocasiones regalan sus dibujos, quizá a quienes presienten que los necesitan, pero en ningún caso cobran por ello a pesar de las penurias económicas. El mundo material no es su prioridad, el valor de las obras es sumamente más importante que el precio. Ellas lo saben y lo practican, a contracorriente de un mundo que discurre en las vías del egoismo materialista.

Para Julia Aguilar, o Julia Always, lo hermético, esotérico y poético se conjuga en su manera de atender el cosmos, desde lo más profundo y biológico hasta lo más lejano e inmaterial del universo. Unos conocimientos y reflexiones que se dan cita en los textos que se conservan de la autora, escritura enigmática fruto de la meditación y la observación. Redacta sus pensamientos en trozos de papel, al dorso de anuncios y carteles, aprovechando cualquier superficie como Josefa lo hacía para dibujar. Una persona cercana, José Merín, le transcribe a máquina los textos, tomando nota de las indicaciones de Julia sobre los títulos o palabres en mayúsculas. Los escritos, a la manera de aforismos filosóficos, tratan sobre el orígen de la vida. Son observaciones ensayísticas que cavilan de manera abierta y muy personal sobre la incertidumbre existencial y la razón científica. Julia escribe sobre el Agua fluídica, el Arte, la Biología,  las Catástrofes, el Cielo, el Electrón, las Enfermedades, los Espías, la Ignorancia, la Luna, el Movimiento, la Muerte, el Sol, el Registro celular Univesal, la Sabiduría, el Tiempo, la Verdad o la Tierra:

Vida. ¿No es verdad que hemos llegado a una altura en que la vida es una   insensatez? Los seres humanos somos empujados a la explotación y destrucción de nuestros semejantes. La raza humana va tomando aspecto de muñecos grotescos y sangrientos, y pronto irán quedando los animales en nivel superior y más humano y en más armonía con el SISTEMA CELULAR UNIVERSAL que los tristes descendientes de Adán y Eva… [20]

Para Julia Aguilar, el verdadero y auténtico arte es la visión de lo externo e interno, es la compenetración y comprensión del sujeto con el objeto, sin deformarlo ni amanerarlo o extorsionarlo hasta tal punto que no es lo que es ni lo lo que debe ser.  Al respecto de la concepción de “genio” escribe, con humor y acierto:

!Qué manera de desquiciar el arte y la creación por la vesania de ser un genio! A estos les ocurre lo mismo que a mí con mi mala letra en la escritura: “Qué mal escribo, qué vergüenza, no sé escribir”. Y muy jovial ella me respondió: “tú eres un genio”. Entonces comprendí que se llama genios a los que lo hacen mal.

Las células son la base y la energía del todo. Vidas microscópicas magníficamente organizadas que encierran en sí todo el misterio y la realidad de la vida orgánica o material, psíquica o espiritual. Son el origen y la fuente eterna de la vida misma. Las palabras de Julia recorren los espacios entre el Sol, la Tierra y otros planetas de una forma parecida a los dibujos de Josefa Tolrà, porqué según ella todo y todos pertenecen al sistema celular universal, orígen y sentido de la vida y los seres humanos: “No hemos de luchar por ser más pobres, más ricos, más tontos, más sabios, más buenos o más malos; con ser una buena célula cumpliremos con los mandamientos de Dios, de su divina palabra y de su eterno Hijo”.

Al igual que en los textos de Josefa Tolrà, mujer menos instruida, Julia describe la importancia de la energía nuclear, habla de los electrones, sobre la evolución de las especies, la luna y los planetas, el tránsito de las tinieblas a la luz, el movimiento de los astros o la verdadera sabiduría. Ambas comparten interés por la ciencia y la espiritualidad, algo básico en la filosofía espírita. No existen datos que nos permitan pensar en la relación de Julia con grupos espiritistas, pero no sería insólito en una época aún pródiga a estos saberes y en una mujer rebelde y reivindicativa.

Como analiza el antropólogo Gerard Horta estudiando la relación entre el espiritismo y la revuelta obrera, en tiempos de represión política y estados totalitarios, las filosofías más esotéricas y libertarias suponen efectivas plataformas de hostilidad al poder. Actúan como formas de rechazar la evidencia positivista, lo obvio, en busca de nuevas perspectivas donde es posible experimentar la realidad desde ejes más éticos que racionales. Según Horta, no hay nada irracional en la voluntad del deseo de comunicación con mundos paralelos y puede entenderse como el resultado de un sentimiento de rebeldía de unas clases oprimidas en pos de una “racionalidad otra”.[21] El mandato creativo que recibe Julieta directamente de Dios, o la custodia que guía su labor pictórica bajo la tutela del general Ricardos y de Jesús de Nazaret, expresan el destino de una misión artística nada comercial ni convencional. Creaciones que lleva a cabo desde una particular soledad vigilante, atenta a las comunicaciones lejanas al mundo físico. [22]

Sin duda, Julia practica un anarquismo experiencial, una rebeldía de cuerpo y alma que busca la armonía entre consciencia y mundo a través de su vida y obras, de sus hábitos naturistas y su gran empatía con los marginados. Diversas corrientes de impulso profético o visionario, desde el mundo medieval hasta los actuales movimientos alternativos, aspiran a un canvio radical en la sociedad incorporando la marginalidad como nuevo centro de aliento vital. En todos estos casos, como sucede con el espiritismo de Josefa Tolrà o la rebeldia utopista de Julia Aguilar, el cuerpo y el espíritu son una unidad instrumental no sólo para la supervivencia sino también un puente hacia nuestra integración al universo. En palabras de Julia, el arte es un mandato más allá del mundo materialista y productivo, una forma de insurgencia practicando un arte de pintar sin arte: “La pintura tiene que ser una cosa que la mande Nuestro Señor: Esto tienes que hacer. Porque coger unos pinceles y pintar, si más, es perder el tiempo”.[23]

¿Cual es el impacto de su producción?

A finales de los años sesenta, el coche del pintor Modest Cuixart, artista que visitó a Josefa Tolrà en diversas ocasiones, se vio obligado a entrar en Barbastro por un problema mecánico. El azar, o los espíritus, obrará en un encuentro entre el artista Cuixart y la médium Julieta. La reparación obliga a Cuixart a pasar unas horas en la población y durante su paseo se detiene a observar una mujer vestida de forma estrafalaria y rodeada de gatos. Al asomarse a la entrada de la vivienda, entre la suciedad y el desorden,  el artista descubre numerosos cuadros que ocupan las paredes y suelo de la estancia, pinturas que representan toreros, reinas, ángeles, retratos y otros personajes históricos (figura 9) . Le impacta la extraordinaria fuerza de aquellas pinturas y pregunta a la mujer si son obras que ella ha realizado. Julia responde que son suyas pero que en realidad es “otro quien guía”. Modest Cuixart, emocionado, le propone hacer un intercambio con una de sus cotizadas obras, a lo que Julieta se niega. Siguen conversando mientras gatos y ratones se acercan a Julia para comer de su mano pequeños trozos de pan. El artista, que formó parte del grupo magicista Dau al Set, volverá a visitarla en otras ocasiones, impactado por Julieta como lo estuvo con Pepeta.

Años más tarde, Cuixart realizaría una pintura en recuerdo del personaje, una obra para no olvidar a Julieta: Bruixa Barbastro (1976). La vida y la obra de esta autora ha sido revalorada en los últimos tiempos, a pesar de las pocas pinturas y textos que se conservan. Desde 1978 tiene voz propia en el Diccionario antológico de artistas aragoneses y aparece en entrevistas de la prensa local.

Júlia Aguilar fallece el 29 de febrero de 1979, pero la estela mediúmnica y visionaria sigue brillando en su mensaje: “Yo soy médium, porque me observo mucho a mí misma”.[24] Sus obras, como los de Josefa Tolrà, trasmiten en títulos e iconografías un mundo oculto, un espacio sin fronteras temporales ni mandatos estéticos: El maligno, Ángel con dragón, La ciencia y la fe, Eternidad, La espada de Occidente, Ave Fénix, Misericordia, Familia gitana o Isabel de Inglaterra vestida de novia. Varias exposiciones y libros ahondan en su vida y obra, rescatándola del silencio y acompañando nuevas lecturas e interpretaciones especialmente útiles en este presente desasosegado del siglo XXI.

Julia Aguilar sabía que “todo parece heterogéneo pero es homogéneo”, como escribe en sus textos científicos.[25] Ambas autoras, Julieta y Pepeta, pintan y escriben como ejercicios de resistencia contra el dolor, a contrapelo de los tópicos y las inercias de un mundo excesivamente represivo, en el deseo de su propia sanación. Julia expresa la determinación de este enérgico esfuerzo creativo y simbólico en un poema inédito, escrito en plural y que sirve para imaginar el viaje decisivo de las dos artistas hacia las dimensiones ocultas del espíritu cósmico: “Vamos a remontarnos / con alas o sin alas / sobre el todo y la nada / de nuestro propio ser.” (figura 10). Ellas son la extraordinaria metáfora de un proceso de reencarnación en vida.

 

Pilar Bonet.

 

Texto inédito de la conferencia en el MNAC, curso “Heterodoxos i marginals” de los Juliols de la Universitat de Barcelona. Jueves 6 de julio 2017.

 

 

Referencias:

Abarca Anoro, Antonio y Buil Sillés, Antonio (2014). Julia Aguilar, Always (1899-1979). Liberalitas Iulia, Barbastro (Huesca).

Art Spirite, mediumnique, visionaire. Messages d’outre-monde (1999). Halle Saint-Pierre, Paris.

Aubrée, Marion y Laplantine, François (1990). La Table, le Livre et les Esprits. Editions Jean-Claude Lattès, París.

Audinet, Gérard (2012). Entrée des médiums. Spiritisme et Art de Hugo à Breton. Maison Victor Hugo, Paris.

Bonet, Pilar (2014). Josefa Tolrà, médium y artista (1880-1959). ACM/Ajuntament de Mataró, Mataró (Barcelona).

Horta, Gerard (2001). De la Mística a les barricades. Introducció a l’espiritisme català del segle XIX dins el context ocultista europeu, Proa, Barcelona.

Kardec, Allan (2007). El libro de los espíritus (1857). Kier, Buenos Aires.

 

 

 

Imágenes:

(figura 1)

Josefa Tolrà

Dibujo aerolitos, s.f

Tinta sobre papel, 47 x 67 cm

 

(figura 2)

Fotografía de Josefa Tolrà bordando un mantónen su casa, 1956

Colección particular

 

(figura 3)

Josefa Tolrà

Dibujo fuerza fluídica. El geólogo y el jardinero, 1955

Aquarela, tinta y bolígrafo sobre papel, 46 x 60 cm

Colección particular

 

(figura 4)

Josefa Tolrà

Mantón bordado negro, 1958 (detalle)

Colección particular

 

(figura 5)

Josefa Tolrà

Adán y Eva, 1957

Tinta, acuarela, gouache y rotuladores de color sobre papel, 70 x 100 cm

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

 

 

 

[1] Sobre la búsqueda de signos irrefutables de las comunicaciones con los espíritus y la consideración visionaria como “espiritualidad experimental”, la más importante de principios del siglo XX, puede consultarse el capítulo “Le spiritisme et la science: la foi positiviste”. Aubrée, Marion y Laplantine, François (1990). La Table, le Livre et les Esprits. Editions Jean-Claude Lattès, París.

 

[2] La Bienal de Venecia presentó en la edición de 2013 una muestra de trabajos artísticos y autores vinculados al mundo del espiritismo, la mediúmnidad, el esoterismo y la inteligencia no racional. La propuesta del comisario Massimiliano Gioni prestó atención a aquellos parámetros de representación y de experiencia estética que no forman parte de los estilos y lenguajes académicos, emprendiendo un intento de releer la historia del arte y de la cultura de Occidente con producciones que, en su hipótesis de trabajo, también configuran el saber de mundo contemporáneo.

 

[3] Usamos el concepto “arte visionario” para referir aquellas producciones visuales que trascienden el mundo físico y representan una visión amplia del conocimiento interior. Un término difuso que engloba temas y mediaciones espirituales o místicas, basadas en estas experiencias del mundo no físico.

 

[4] Expresiones como “un ser de luz me tomó la mano”, “me dejé llevar la mano”, “la mano guiada” o “ellos me dictan”, aparecen con frecuencia en los textos donde las artistas describen su proceso de trabajo gráfico o escritural. La referencia a los “espiritus desencarnados” que guian sus trazos alude la incidencia de los espíritus de los muertos, los guias que las atienden.

 

[5] González, María José (2014): “Coser y crear. Tejido, bordado y magia creativa en la obra de Remedios Varo”, en Cirlot, Lourdes y Manonelles, Laia (coords.). Las vanguardias artísticas a la luz del esoterismo y la espiritualidad, Universitat de Barcelona, Barcelona, pp. 58-76.

 

[6] Reflexiones sobre la cultura como concepto reaccionario, como manera de separar actividades semióticas en esferas aisladas y escindidas de sus realidades políticas: “La cultura en tanto esfera autónoma sólo existe en el nivel de los mercados de poder, de los mercados económicos, y no en el nivel de la producción, de la creación del consumo real”. Guattari, Félix y Rolnik, Suely (2005), Micropolítica. Cartografía del deseo, Traficantes de sueños, Madrid, p. 27.

 

[7] Martínez, Rosa (2015): Nada temas, dice ella, Museo Nacional de Escultura / Acción Cultural Española (AC/E), Valladolid. El catálogo recopila la exposición que Rosa Martínez prepara en la celebración del Centenario de Santa Teresa de Jesús, reuniendo obras de artistas contemporáneos que dialogan con piezas de la colección del Museo de Escultura. Entre las obras destacan 17 dibujos de la médium y artista Josefa Tolrà.

 

[8] Sobre el interés reciente por estas experiencias y los mundos espirituales, podemos constatar la presentación de numerosas exposiciones dedicadas a la creatividad mística, mediúmnica, alquímica, hermética o espírita: L’Europe des esprits ou la facination de l’occulte, 1750-1950, presentada en Estrasburgo y Berna, en 2011 y 2012. Traces du sacré, presentada en París en 2008.  La gran transformación. Arte y mágia táctica, presentada en Francfurt y Vigo en 2008 y 2009. Art spirite, mèdiumnique, visionnaire, presentada en París en 1999.  Mundos interiores al descubierto, presentada en Londres en 2006. Estas y otras exposiciones, junto a la bibliografía especializada en el estudio de este tema es suficiente extensa para denotar el interés y la riqueza de las lecturas e investigaciones llevadas a cabo recientemente.

 

[9] Bonet, Pilar (ed.) (2014): Josefa Tolrà. Médium i artista, ACM/Ajuntament de Mataró, Mataró. Edición en catalán, castellano e inglés. El equipo de investigación, ahora constituido como Asociación cultural Josefa Tolrà, está formado por Pilar Bonet, Sandra Martínez, Dani Montlleò y Eulàlia Salvador. Autores de las primeras lecturas sobre la vida y la obra de Josefa Tolrà y responsables de la preservación y difusión de legado de la artista. Véase, www.josefatolra.org

 

[10] Kardec, Allan (2007). El libro de los espíritus (1857). Kier, Buenos Aires.

 

[11] Conversación con el poeta Joan Brossa sobre la médium Josefa Tolrà, con motivo de la exposición que se celebró en Mataró (“Revolt d’associacions”) en 1998. En esa ocasión se presentaron cuatro dibujos de Josefa Tolrà (tres de ellos propiedad del poeta y actualmente en la colección del MACBA), junto a obras de otros autores contemporáneos. Véase, http://www.acm-art.net/es/revolt-dassociacions/

 

[12] Bacopoulos-Viau, Alexandra, “Automatisme, ou les ténèbres de la psyché”. Audinet, Gérard (2012), Entrée des médiums. Spiritisme et Art de Hugo à Breton, Maison de Victor Hugo, París, pp. 120-126.

 

[13] Hilma af Klint. Pionera de la abstracción (2013), Museo Picasso, Málaga. La artista practicaba junto a un grupo de mujeres sesiones de dibujos mediúmnicos, formas sutiles de exploración del macro y microcosmos. Los dibujos, más figurativos o abstractos investigan las coordenadas de una espiritualidad, entre la observación científica y la teosofía.

 

[14] Thévoz, Michel (1999), “Médiums de première nécessité”, en Art Spirite, Mediumnique, visionaire. Messages d’outre-monde, Halle Saint-Pierre, Paris, pp. 10-14.

 

[15] Maurer, Lise (1999): Le Remémoirer de Jeanne Tripier, Editions Erès, Ramonville Saint-Agne.

[16] Abarca Anoro, Antonio, Buil Siles, Antonio (2014). Julia Aguilar, Always (1899-1979). Rebelde y artista. Liberalitas Iulia, Barbastro (Huesca). Según los autores, Julia se refería con frecuencia a los espíritus que habitaban su casa y le guiaban en su obra pictórica.

 

[17] Relato de Maria Teresa R. en el texto de Antonio Abarca Anoro, “Rebelde y artista”. Op. cit. p. 103.

 

[18] En cierta ocasión la propia Julieta explica el orígen de estos nombres: “Always, always… era el estribillo de una canción que cantaban las coristas cuando se iban del escenario –Siempre, siempre…- Chelín, el sublime Chelín, era un científico que, como los ilustres Ptolomeo, Copérnico y Galileo, tuvo que luchar contra la ignorancia de aquellos tiempos y la carencia de aparatos astronómicos, per que, a diferencia de estos sabios, ocupados en averiguar si era la tierra la que giraba alrededor del Sol o era este o el que lo hacía alrededor de aquella, empleó su tiempo en investigar la naturaleza celular de los astros y de los planetas, origen del movimiento y de la vida, asunto más trascendente para el futuro de la humanidad…”. En Julia Aguilar, Always (1899-1979), op. Cit. p. 135.

 

[20] Texto de Julia Aguilar Coscuyuela en el libro dedicado a su vida y obra. En “Chelín Always en una cita con las células”. Abarca Anoro, Antonio y Buil Sillés, Antonio (2014). Julia Aguilar, Always (1899-1979). Liberalitas Iulia, Barbastro (Huesca), pp. 225-243.

[21] Horta, Gerard (2001). De la Mística a les barricades. Introducció a l’espiritisme català del segle XIX dins el context ocultista europeu, Proa, Barcelona.

 

[22] En diversas entrevistas aparecidas en el periódico Heraldo de Aragón y El Cruzado Aragonés, en 1977 y 1978, Julia responde así a las preguntas: “-¿Por qué pintabas Julieta? –Dios se entiende conmigo y con todos. Un día me dijo: Toma pinta…”. “–Mis cuadros tienen el poder de los cielos, porqué están hechos bajo la custodia del general Ricardos y de Jesús de Nazaret…”. “-Pero allí en aquel cuarto con ratones y gatos, estaba Dios y solo tuve que hacer lo que él quería…”.

 

[23] En Julia Aguilar, Always (1899-1979), op. Cit. p. 123.

[24] Comentario recopilado por Antonio Abarca Anoro, en Julia Aguilar, Always (1899-1979), op. Cit. p. 124.

 

[25] Textos no publicados, facilitados por Antonio Buil. Una cita con las células. Metabolismo de la luz libre y la luz limitada o materializada en forma (Catecismo y guía celular).

Pilar Bonet. Texto conferencia inauguración de la exposición en el centro de arte Les Bernardes de Salt (Girona).

Su arte no viene del arte: Josefa Tolrà (1880-1959) y Julia Aguilar (1899-1979)