torre-de-babel-de-pieter-brueghel Arquitectura singular. La torre de Babel

La mítica Torre de Babel es la historia de un fracaso causado por el exceso de ambición humana, pero también puede simbolizar la actitud de la arquitectura que quiere trascender las funciones, los materiales y los símbolos de la historia. Construir ha sido uno de los grandes retos de la humanidad y todo tipo de arquitectura proviene de una configuración singular de formas y funciones. Todas las soluciones de la arquitectura son parte significativa de nuestra cultura: el templo, la fortaleza, el palacio o la catedral, así como la vivienda unifamiliar, la fábrica o el aeropuerto, nos muestran significados dispersos y complejo sobre nuestra manera de estar en el mundo, sobre los cambios en la forma de vida, los progresos tecnológicos o también los debates filosóficos.

La investigación arquitectónica siempre ocupa un lugar entre lo posible y lo imposible, entre lo material y lo intangible, entre el arte y la técnica o entre la realidad y la virtualidad. Como los dibujos espaciales de M.C. Escher, la arquitectura es un lugar abierto a las hipótesis formales, a la ambigüedad de la perspectiva, a las experimentaciones del espacio o la transferencia de las funciones.

M.C. Escher

En todas estas posibilidades y opciones, la arquitectura muestra la complejidad del territorio de nuestra cultura y es capaz de enfrentarse a sus propios dominios provocando incesantes experimentaciones y mutaciones que, desde sus destinos más funcionales a las revisiones más utópicas y futuristas, narran uno de los capítulos más interesantes de la historia: el mundo de las ideas y de los proyectos arquitectónicos.

 

Acumulación, reiteración, diferencia o desconexión, son términos usados con frecuencia a la hora de hablar de arquitectura de finales del siglo xx, en especial cuando esta formula una distancia evidente con los adjetivos de integración, coherencia y síntesis que habían precedido los ideales arquitectónicos del pasado. Frente a los debates de la cultura contemporánea, ante sus críticas del lenguaje, muchos proyectos arquitectónicos se desarrollan en una permanente tentativa de experimentación, como una insuperable provisionalidad de nuevas formas.

 

Desde esta multiplicidad de plataformas, la arquitectura puede acometer la construcción de edificios y viviendas funcionales, útiles en sus principios básicos, pero también proyectos de alta resolución tecnológica que permiten nuevos modelos de sostenibilidad energética o situarse en puntos de cruce entre la denominación de arquitectura y anti-arquitectura cuando lleva a cabo ideas más criticas y aparentemente excéntricas sobre la misma naturaleza o función de la construcción.

Hemos seleccionados edificios y proyectos en curso que exceden los límites convencionales de la arquitectura, que se escapan de los valores tradicionales del racionalismo moderno, del funcionalismo pragmático, para buscar nuevas actitudes,  ambiciosos efectos y dimensiones insospechadas de la proyección arquitectónica contemporánea.

El insigne arquitecto Le Corbusier, clave en la historia de nuestra cultura, decía que la arquitectura tiene que conmover, pero también tiene que servir. Efectivamente, entre la función práctica y los dispositivos psicosociales, una nueva arquitectura singular itinera en nuestra historia más reciente. El mito de Babel sigue presente.

 

Arquitectura excéntrica

Si uno de los principales ideales de la arquitectura tradicional es su estatismo frente a la dinámica de otros tipos de objetos o la misma energía, en ocasiones el proyecto constructivo basa en esta posible experiencia de permanente movilidad sus estructuras y resoluciones visuales y perceptivas. En estos casos, y en múltiples opciones, el arquitecto busca el potencial expresivo del edificio defuera el lenguaje de la simetría o la escala más normativa.

En la arquitectura contemporánea ningún estilo ha logrado imponerse con la misma contundencia que el Movimiento Moderno de la posguerra con sus corrientes funcionalistas de sistemas rectilíneos y curvas armónicas. Pero frente a este pensamiento racional, sujeto a la geometría euclidiana, surgen nuevos estilos y experiencias arquitectónicas más complejas que fracturan los conceptos de solidez generando construcciones de volúmenes fluidos y espacios mutantes bajo los efectos de la luz, los nuevos materiales  o una peculiar relación con el entorno.

El paradigma arquitectónico del “mundo real” deja paso a un “mundo virtual” donde es posible la ideación y la construcción de masas fluctuantes, la creación de espacios rotos, la composición de luces metafóricas o el uso expresivo de materiales orgánicos. Se trata de proyectos que adoptan posturas científicas y filosóficas acordes al debate y el pensamiento contemporáneo, todo un programa de alteración de las presunciones culturales arraigadas en una cierta visión de la arquitectura como orden, armonía, estabilidad y unidad.

Mecanicismo, el mundo de la máquina, y organicismo, el mundo biológico, son en la tradición de la arquitectura del siglo XX la contraposición de dos modelos. Son dos metáforas que se confrontan y que la arquitectura más actual ha sabido conjuntar sin sostener que son excluyentes. Para los organicistas de los años cincuenta la naturaleza no es una arquitectura pero si un modelo desde el cual producir una arquitectura acorde con el hombre y su escala humana. Es la voluntad de una nueva arquitectura frente a la abstracción de las formas puras de naturaleza geométrica del racionalismo más estricto.

Esta nueva arquitectura encuentra en los componentes propios de un territorio, o las formas del mundo vivo, lo más esencial para la construcción. No se trata de ningún estilo o marca de autor, sino de un potencial a desarrollar en nuevas escalas de construcción y  resoluciones estéticas. Se trata de elaborar bases para una arquitectura no normativa sino productiva con las ideas y objetos que constituyen nuestro entorno.

En las coordenadas de una arquitectura no normativa, el proyecto de Le Corbusier para la Iglesia de Notre-Dame-Du-Haut, la capilla en Ronchamp construida en 1957, puede ser un ejemplo de esa simpatía por las formas orgánicas, vernaculares y simbólicas. No se trata de adecuarse a una norma ni la imitación de un modelo, sino la producción desde el sujeto de experiencias perceptivas elementales capaces de generar significados a través de las emociones.

Aunque continuador respecto al espíritu de la tradición, Le Corbusier propone un edificio para los peregrinos, un espacio religioso de volúmenes puros, gruesos muros y delicado tratamiento de la luz, toda una demostración de creatividad y de cultura a la vez. Un ejemplo notable de arquitectura singular, excepcional respecto al itinerario de su autor, las pautas de la época y su relación con el entorno.

También el Teatro de la Opera de Sidney, proyecto de 1956 del arquitecto danés Jörn Utzon se convierte, por su atrevimiento formal y sus soluciones constructivas, en una obra emblemática entre la arquitectura de una nueva generación de autores, la llamada “tercera generación”, que renuevan el panorama de la arquitectura creando algunos de los monumentos más atrevidos y singulares del siglo XX.

Este proyecto australiano está edificado entre el aprovechamiento de un hermosísimo paraje a la orilla del mar y  el lirismo de las  estructuras orgánicas. Gracias a una técnica rigurosa que permite trabajar con grandes luquetes de voladizos prefabricados, el resultado es una obra de gran belleza y atrevimiento formal que se integra al entorno con una presencia casi biológica capaz de una síntesis extremadamente espectacular entre paisaje, estructuras sobrepuestas, poesía y ritmo musical.

Otra arquitectura para la cultura, el Museo de Niteroi en Rio de Janeiro, obra del arquitecto Oscar Niemeyer ,realizado en 1991, consigue así mismo fundirse con el paisaje del mar y el fondo de la ciudad a través de un sugestivo contrapunto visual que juega con la misma ley de la gravedad al construir una gran forma circular plana sobre un elemento vertical. Seguidor de Le Corbusier, este importante arquitecto diseña una gran atalaya frente al azul y entre la rocosidad del entorno, una figura escultórica de enorme fuerza poética, una silueta a la vez distante y comprometido con el paisaje.

Este museo se concibe desde formas elementales que simplifican y superan el legado racionalista con un volumen desatado del suelo y sin detalles ornamentales más allá de la rugosidad del hormigón y su sobrio compás curvilíneo. Una arquitectura de pequeña escala y enorme significación visual que parece contradecir las leyes de la gravedad.

Es evidente que a las postrimerías del siglo XX, la arquitectura ofrece ya un abanico de tendencias que permiten la adopción de cualquier modelo, referencia o utopismo. La arquitectura denominada “deconstructivista”, a partir de los años ochenta, investiga nuevas opciones en una arquitectura escurridiza, que usa de las superposiciones en diagonal de formas rectangulares o trapezoidales, la ruptura de los planos y la desestabilización de la estructura, para buscar en los límites de la arquitectura un nuevo territorio de conceptos.

En esta línea de investigación, autores como el norteamericano Frank O. Gerhy, proponen edificios inquietantes que exploran el oculto potencial de la modernidad. Su proyecto para el Museo Guggenheim de Bilbao es todo un modelo de trabajo sobre los efectos de las formas, colores, texturas, materiales, espacios y luz en un aparente desmembramiento de las pautas funcionalistas para llevar a cabo una singular y personal arquitectura.

El museo ocupa una parcela que se halla a nivel de la ría del Nervión y que está atravesada en uno de sus extremos por el colosal Puente de la Salve, una de las principales entradas de la ciudad. Sus volúmenes interconectados, unos de forma ortogonal recubiertos de piedra caliza y otros curvados, retorcidos, y cubiertos de una piel de titánio, se combinan con muros cortina de vidrio. El cristal de estos muros ha sido tratado especialmente para que la luz natural no dañe las obras. Debido a su complejidad matemática, las sinuosas curvas de piedra, cristal y titanio han sido diseñadas por ordenador.

En su conjunto, el diseño de Gehry crea una estructura espectacular, consiguiendo una presencia escultórica como telón de fondo al entorno de la ciudad. El edificio dispone de un espacio expositivo distribuido en diecinueve galerías. A base de jugar con volúmenes y perspectivas, estas galerías proporcionan espacios interiores descomunales que mantienen el singular perfil exterior y por los que, sin embargo, el visitante no se siente en absoluto desbordado. El museo se implanta en el borde de la ría de Bilbao, formando parte de una ambiciosa actuación de regeneración urbana. La escultórica arquitectura de Frank O. Gehry, inaugurada en 1997, con la libre disposición de sus volúmenes metálicos y su escala monumental parece sugerir el duro pasado industrial del borde de la ría del Nervión.

En la nueva trama urbana de las ciudades europeas, Barcelona cuenta con un importante patrimonio de arquitectura contemporánea. Uno de sus proyectos más recientes y ambiciosos es la Torre Agbar, diseñada por el arquitecto francés Jean Nouvel (iniciada en el 2002), un sugerente edificio de gran altura integrado al nuevo urbanismo metropolitano. Construida en la confluencia de la avenida Diagonal con la plaza de Les Glòries, su extrema verticalidad y perfil en forma de proyectil apuntando hacia el infinito, así como su trama reticular de oberturas transparentes, le otorgan una presencia escultórica de enorme visibilidad entre el conjunto de barrios y el patrimonio arquitectónico que la circundan. Una forma excéntrica, desprendida del entorno, pero a la vez perfectamente coherente en su potencial visual para simbolizar una zona en expansión, una ciudad de gran actividad  y una actitud cultural avanzada para el prólogo del nuevo siglo.

Esta misma necesidad de testimoniar los episodios históricos de nuestro tiempo desde la trasformación de la ciudad y su infraestructura cultural, motivó la construcción del conjunto de La Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, parte de un dilatado esfuerzo por rehabilitar una zona de la periferia oriental de la ciudad. Comprendida entre una amplia autopista y el lecho desecado del río Turia, el proyecto de Santiago Calatrava para la construcción del Planetario, el Museo y la Ópera (iniciado en 1991) regala una de las imágenes más sorprendentes de la zona. Se trata de un ambicioso conjunto de espectaculares estructuras metálicas y cerramientos acristalados en los que la luz juega un papel decisivo. El Planetario recuerda plenamente la forma esférica de un ojo y posee una estructura móvil a la manera de párpado de cerramiento. El conjunto se caracteriza por una magnífica estructura asimétrica de formas que asemejan nervaduras y árboles, un  lenguaje organicista de dicción mecanicista muy propio de este autor. Una bella y extraña arquitectura en las fronteras de la ciencia-ficción.

Arquitectura y ciencia ficción

Frente a tendencias de la arquitectura defensoras de una visión de continuidad histórica y clásica de la construcción, o las más pragmáticas del racionalismo, surge una tendencia constructiva de capital importancia para el desarrollo de la arquitectura desde los años sesenta del siglo XX, una arquitectura de gran dicción tecnológica, radical e “hipertecnológica”. Una arquitectura continuadora de los sueños utopistas del siglo XVIII, de los relatos de ciencia-ficción y las aventuras cinematográficas  futuristas de todos los tiempos.

El Centro Nacional de Arte Contemporáneo Georges Pompidou de París, inaugurado en 1984, edificio realizado por Richard Rogers y Renzo Piano, se considera uno de los primeros ejemplos de la experimentación tecnológica de la nueva arquitectura de finales de siglo. El diseño tecnologista, o “high tech”, desarrolla todas las pautas del mimetismo industrial y en el caso de este edificio enfatiza la idea de “fabrica de cultura”.

Gracias a una maravillosa ingeniería estructural, el edificio encuentra su singular  personalidad emulando una refinería de petróleo. Sus autores, admiradores del espíritu científico de la ingeniería, proyectan un edificio donde el juego de volúmenes de las estructuras exteriores permiten una inédita relación hacia el exterior de las zonas de tránsito, sin perder el carácter funcional del conjunto en el juego de los materiales opacos y translúcidos, el efecto cromático de las escaleras y montajes de servicios.

Otro ejemplo de espacio futurista para la cultura es el nuevo planetario de Nueva York. Situado en el extremo norte del American Museum of Natural History y cerca del Central Park, el Rose Center, obra del equipo Polshek Partnership, es un extraordinario edificio de vidrio de siete plantas que alberga una esfera de 27 m de diámetro en la que se halla el Hayden Planetarium. El antiguo Planetario, construido en 1935, era un edificio emblemático para los habitantes de la ciudad por lo que su derribo y nueva construcción fue motivo de una fuerte oposición inicial ya superada tras su  nueva obertura el año 2000.

Este conjunto, dotado de una alta tecnología en astronomía y arquitectura, ofrece una espectacular puesta en escena del universo a los visitantes. Una arquitectura de presencia y contenidos totalmente futuristas que hace realidad las concepciones visionarias de antiguos arquitectos.

Una inédita experiencia tecnológica y una rigurosa actitud ecológica, se funden también el en proyecto del nuevo Parlamento alemán de Berlín: el Reichstag. Este histórico edificio, mutilado por la guerra y posteriormente reconstruido, ha sido habilitado de nuevo por la batuta arquitectónica del británico Norman Foster y su equipo que han llevado a cabo una espectacular reconstrucción. Tomando algunos aspectos el viejo edificio, ahora restituidos, el conjunto se convierte en un “museo viviente” de la historia alemana.

Dentro de la vieja piel pétrea el espacio es trasparente y deja las actividades a la vista. Público y políticos entran juntos por la entrada oficial reabierta, símbolo de auténtica democracia, y el espacio público prosigue en la cubierta, en el restaurante de la terraza y en la cúpula –una de las imágenes más singulares de la ciudad- donde unas rampas helicoidales conducen hasta una plataforma desde donde apreciar una extraordinaria perspectiva del recinto y el exterior urbano.

El radical concepto energético de este edificio se basa en la utilización de biocombustible renovable de aceite vegetal hecho con semillas de colza o de girasol, quemado en un generador para producir electricidad reduciendo considerablemente las emisiones de dióxido de carbono. El excedente de calor se almacena en forma de agua caliente y sirve para calentar o refrigerar el edificio. Una verdadera central térmica para el nuevo complejo gubernamental. La cúpula desempeña también un papel muy importante en la iluminación y ventilación del edificio, a la vez que funciona como captador de luz durante el dia y emisor de luz, como un faro, durante la noche.

Otro ejemplo de tecnología avanzada y ética constructiva se concentra en el programa del edificio del Tribunal Europeo de los Derechos Humanos de Estrasburgo, en Francia, obra del equipo Richard Rogers Partnerschip. Esta arquitectura, inaugurada en 1995, ocupa un terreno a la orilla del río a las afueras de la ciudad y usa materiales y sistemas demóticos para reafirmar el disfrute de un futuro más sostenible. Según Rogers, se trata de un monumento no monumental de la digna expresión de la jurisprudencia en la sociedad europea moderna.

Construida con materiales industriales, pero animada por un excepcional  estallido de colores, sus dos recintos se conectan a través de un vestíbulo central, un espacio diáfano de mágicas transparencias, rebosante de luz, a la vez metafórico y literal. El exterior fusiona una cierta iconografía náutica, industrial y entomológica. Se trata de un edificio accesible que no pierde la monumentalidad y que responde a una preocupación ecológica de la energía, por ello sustituye la refrigeración artificial por un sistema de sombreados y ventilación natural que también aprovecha de la inercia térmica de la estructura de hormigón. El conjunto escalona sus volúmenes de una forma anatómica, de la cabeza a la cola, un modelo ejemplar de arquitectura high-tech y sostenibilidad

Arquitectura y transarquitectura

En ocasiones es la realidad la que limita la imaginación. La inevitable ley de la gravedad, las leyes de la economía, las limitaciones tecnológicas o la prudencia estética, pueden imponen restricciones al quehacer arquitectónico. Pero la imaginación es poderosa y el fracaso de Babel es un fracaso de ejecución, no de concepto.

El arquitecto se afana en superar las fronteras entre lo artístico y lo arquitectónico, entre la fantasía y la realidad en un juego mental de resultados sorprendentes. Desde el puro placer arquitectónico, o bien por curiosidad de maniobrar en la realidad virtual que ofrecen los nuevos programas cibernéticos, el arquitecto lleva a cabo ejercicios especulativos que nunca se van a realizar, pero que nunca van a ser inútiles.

Como las cárceles dibujadas por Piranesi, espacios imposibles e indescifrables, la arquitectura puede, como los otros campos de la creación estética, adquirir absoluta libertad de experimentación formal y perceptiva. Y puede, ahora más que nunca, prescindir de estilemas heredados y codificados por la tradición moderna y abrirse a posiciones especialmente experimentales en los efectos y funciones de las formas, los materiales y los espacios: generar una arquitectura singular, alejada de sus propios paradigmas, visionaria y crítica.

El grupo japonés Metabolismo, integrado por Kenzo Tange y Arata Isozaki, entre otros,  ideó sistemas de arquitectura racional y tecnológica capaz de expresar nuevas formas escultóricas e innovadoras. El grupo, fundado en 1960, defendía nuevos conceptos urbanos tendentes a la idea de ciudad megaestructural, hipertecnológica y cambiante. Su proyecto virtual, en maqueta y dibujos, de Ciudad Aérea, planteaba un urbanismo cambiante de estructuras móviles y grandes recursos tecnológicos.

De entre estas opciones hipertecnológicas y visionarias de los años sesenta, cuyo punto de partida es recuperar la radicalidad de los primeros arquitectos modernos, y su objetivo una arquitectura de alta tecnología y valores utópicos, el grupo más propagandístico fue el británico Archigram. Sus autores proponían modelos metropolitanos encaminados a superar totalmente la idea convencional de ciudad: la ciudad-enchufe, las viviendas cápsula o la ciudad que camina, son proyectos de singular visión transformadora, dibujos a medio camino de la fantasía más exacerbada y de una mirada irónica sobre el colectivo humano y sus formas de relación.

La posibilidad de los nuevos sistemas de dibujo por ordenador y la realidad virtual, la tecnología de los nuevos materiales y el potencial inagotable de ideas y reconversiones del lenguaje de la arquitectura, generan múltiples proyectos de arquitecturas móbiles y efímeras, de formas paradójicas o bioéticas. El insólito proyecto de Nicholas Grimshaw, The Eden Project en St Austell, Cornwall, Inglaterra (2000),  está concebido como un “escaparate de la biodiversidad global y la dependencia del hombre de las plantas”. El conjunto está construido con cápsulas transparentes climatizadas configurando un paisaje de diseño utopista. Las cúpulas geodésicas parecen burbujas de jabón posadas en un terreno hundido, los revestimientos están hinchados con aire y el conjunto se adapta perfectamente a la topografía. El aspecto artístico de la arquitectura sigue siendo una fuente importante de inventiva.

Menos tecnológico y más humorístico, igualmente imaginativo y innovador, es el proyecto llevado a cabo durante los años ochenta por el grupo SITE para la empresa Best. Estos edificios, almacenes para los productos de una empresa de venta por catálogo, son curiosos ejemplos de des-arquitectura, término utilizado por el propio grupo SITE para definir su concepción de la arquitectura como arte, desde una perspectiva que intenta alejarse de la premisa funcionalista de “la forma sigue a la función” y que trata de considerar las influencias exteriores del contexto de la arquitectura. Una fachada que se levanta entera del suelo donde parece emplazada, a la manera de cubo roto, o un muro derruido con aspecto de edificio erosionado, son propuestas que alteran las ideas básicas de la arquitectura usando más el ingenio conceptual y narrativo que las complejas resoluciones constructivas.

La Piazza d’Italia, construida en Nueva Orleans por el arquitecto Charles Moore en 1978, se considera el verdadero manifiesto de la arquitectura posmoderna. La planta de la plaza dibuja el mapa de Italia y recrea la estenografía de una fuente similar a la Fontana de Trevi y desarrolla una columnata falsa recubierta de cromado y coronada de luces de neón. A medio camino de un atlas de estilos clásicos o una guía turística, este conjunto responde, según su autor, a la voluntad de conectar con el gusto de los usuarios, a la vez que propone un nuevo ideario de revisión de estilos más allá de sus funciones estrictamente prácticas, en el espacio de un nuevo léxico, más ecléctico, para la arquitectura.

Lejos de este repertorio historicista, más cercano a la fusión de las artes, los pabellones del interior de la Milenium Dome de Richards Rogers cuentan con proyectos de sorprendente formalización, como el Body Zone ideado por el equipo británico Branson Coates. Su intención, la de crear una gran figura fusión de hombre y mujer, como símbolo de las formas culturales del nuevo siglo, se levanta a 28 m ocupando 400 m2 de espacio expositivo. Una estructura interna de acero sostiene una epidermis de hormigón armado mezclado con vidrio. Una estructura sorprendente para un pabellón figurativo, sin duda una de las zonas más espectaculares de este singular Milenium Dome londinense. Un extravagante proyecto de diseño arquitectónico en la frontera de las artes.

Así como el trabajo artístico se mueve con frecuencia en las fronteras de la arquitectura, la arquitectura se manifiesta cada vez más como una forma de arte. Para muchos arquitectos el desafío de cambiar de estilo ha constituido un factor determinante de su experimentación con las formas y las funciones. La idea de una nueva arquitectura sigue buscando nuevos modelos entre las prácticas artísticas, el mundo mutable de la biología –a partir del ordenador y de algoritmos genéticos que generan formas jamás imaginadas-, el mundo de la comunicación o los nuevos ecosistemas, caminos que superan la tradición. No se trata de simples caprichos estéticos, de formas esculturales vacuas o nuevos paisajes cibernéticos sin función, sino de una adaptabilidad extrema para ajustar nuevos usos y conceptos, una virtud de la nueva arquitectura actual.

Así es la nueva arquitectura de los neerlandeses Rem Koolhaas o el grupo MVRDV, así se muestra la Embryological House de Greg Lynn, una estratégia para inventar un nuevo espacio doméstico, así es el ciberespacio autónomo de Markos Novak y sus arquitecturas líquidas y transarquitecturas: una arquitectura palpitante, mutante, ecologista y crítica.

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