La casa por el aire. Producción artística y crítica en Colombia

La casa por el aire es el título de uno de los  trabajos más recientes del colectivo Helena Producciones y editado en Cali el 2010. Un libro que recopila, a través de tres proyectos artísticos realizados en zonas deprimidas del país.

Los procesos y dispositivos críticos que guían el itinerario artístico y político de Wilson Díaz, Ana María Millán, Andrés Sandoval Alba, Claudia Patricia Sarria y Gustavo Racines. Un proyecto entre los muchos que en Colombia ensamblan la práctica artística con la literatura crítica, la reflexión política con el trabajo social, los procesos estéticos con las prácticas relacionales y pedagógicas. Creadores y gestores capaces de tomar partido en un país donde “Catástrofe, proteccionismo y explotación”, en orden indeterminado, arquitectura un contexto de extrema geografía política y rostro silenciado en los medios internacionales. Un programa donde crítica y creación van a la par y en el que los autores no son subsidiarios de determinantes profesionales o académicos, sino agentes activos de reflexión y de acción.

Como una asociación independiente, destinada a la investigación y la participación, mediante curadurías y empresas editoriales, Helena tiene nombre mítico y ánimo pacificador. Su objetivo, como principio, es invertir en cauces de estudio sobre  la producción cultural colombiana en relación a sus territorios y contextos a través de fiestas o eventos que les permitan sostener económicamente sus producciones. En sus primeros proyectos, las discotecas y la rumba son el medio de encuentro para exhibir obras de artistas, proyectar documentales o activar los performances. Desde Cali, la capital de la salsa y la silicona, emerge en 1999 el proyecto fundamental de Helena Producciones titulado Terror y escape, manifiesto programático del grupo: una exposición, un cineclub y una publicación impresa. Una lectura sobre la violencia en la vida privada y pública, la fascinación por lo extraño y los mitos decadentes de una juventud perdida, conforman el imaginario de la ciudad. El proyecto reúne trabajos de creadores de distintas generaciones, recursos y lenguajes para letrear en sus producciones las oscilaciones sociopolíticas de la ciudad, sus preocupaciones y el género del gótico caleño.  Desde los referentes históricos comunes, artistas y cineastas, escritores y músicos inciden en el tejido urbano con proyectos expositivos, televisivos o documentales.  A través de diversas propuestas de exhibición, entre ellas la producción del Festival de Performance de Cali, el colectivo se interesa por el tema de la documentación a través de archivos de textos, fotografías, videos, objetos. Estos archivos permiten encadenar proyectos de carácter editorial y voz crítica. Más recientemente, Helena Producciones maneja el proyecto Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social en el marco de los Laboratorios de Investigación Creación, programa del Ministerio de Cultura de Colombia y llevan a cabo los talleres pedagógicos en las poblaciones de Juanchaco, Ladrilleros y La Barra, en la costa del Pacífico.

Se trata de una de las iniciativas y artistas que pude conocer durante la estancia de investigación en Colombia, gracias a una beca de intercambio de la AECID, desde el centro de creación y pensamiento contemporáneo Can Xalant de Mataró  y a través de la red de residencias para artistas y curadores iberoamericana, hospedada en el centro lugar a dudas en Cali. [1] Una oportunidad única para una profesora de arte actual que ignoraba la efervescencia y profundidad de los procesos estéticos y críticos en Colombia más allá de los cuatro nombres consabidos y los links más generales. A partir de entrevistas con artistas, críticos y curadores, la visita a museos y espacios de arte, la hospitalidad de diversas residencias de artistas, las lecturas y las charlas, las semanas en Cali, Bogotá, Medellín y Cartagena me han ofertado un material de trabajo excepcional que quiero parcialmente aportar a este congreso dedicado a la lectura y la práctica de la crítica en Latinoamérica, en un foro donde la presencia de México, Cuba, Brasil o Argentina es ya indiscutible.

Colombia existe y resiste entre guerrilla, ejército y paracos, con una tasa de creación y de crítica mucho más alta del que desde aquí reconocemos.

 

EL VÉRTIGO DE LA COTIDIANIDAD EN COLOMBIA

Es difícil y precipitado en este artículo hacer una sinopsis del proceso histórico en Colombia y analizar su realidad actual. Asumo la torpeza y sólo quiero trazar un perfil de situaciones para vislumbrar el escenario en el que se sitúa este análisis crítico y el proyecto artístico del grupo Helena Producciones que atendemos, un meritorio ejemplo de producción artística como acción crítica. O dicho en otras palabras, una producción artística y crítica como formato de investigación y acción social más allá del ensayo o la literatura pertinente en este género.

En las últimas décadas buena parte de los países latinoamericanos, entre ellos Colombia, han vivido procesos democráticos y dictatoriales intermitentes entre los que se ha ido armando una estructura social que malvive a la sombra del paradigma del Estado Social de Derecho. En esta tesitura, la participación civil y la defensa de los derechos humanos, la redistribución de la riqueza y el empoderamiento de las comunidades han sido las fórmulas para enfrentarse a todos los formatos de la exclusión social y los problemas armados, principal reto frente al capitalismo en Latinoamérica. Se trata de un giro de urgencia, el dato es relevante: ya entrados en el siglo XXI un 44% de la población del continente (unos 221 millones del total) están en situación de pobreza, entre ellos unos 70 millones en condición de indigencia. Una pobreza que no es homogénea sino que afecta principalmente a indígenas, afrodescendientes, persona de menor formación educativa, niños y niñas o población desplazada, como en el caso particular de Colombia. Es evidente que los principios de libertad, fraternidad e igualdad del liberalismo democrático francés, incorporados a las proclamas de las batallas libertarias de los países en su proceso de independencia, se convirtieron inmediatamente en privilegios de una pequeña aristocracia frente a las comunidades indias, mestizas y negras perpetuando un estado de desigualdad del todo feudal que perdura en la actualidad. La pesimista reflexión del bogotano Gonzalo Castellanos apunta hacia una permanencia de este régimen en los próximos tiempos y vaticina el regreso circular a los modelos del siglo XIX , ahora más perversos y eficaces, con un sistema acorazado bajo justificaciones teóricas más sofisticadas que reducen el papel del Estado en las esferas económicas y de control. [2]

Sin lugar a dudas, esta situación y el desgaste progresivo del panorama social impone nuevas actitudes y prioridades en la comunidad latinoamericana hacia la ideación y gestión de mecanismos solidarios contra la pobreza, la exclusión o la pérdida identitaria. Y es así como el arte asume una voz en este conflicto, sin ánimo prometéico, pero con voluntad de generar actividades de producción artística que sean mediadores o catalizadores para el encuentro de las comunidades defuera los patrones institucionalizados, o ante la posibilidad de generar nuevos espacio públicos para el debate y la transferencia de conocimientos. En las últimas décadas, las prácticas artísticas en Latinoamérica han gestado proyectos que más allá de las nomenclaturas europeas de arte contextual o de estéticas relacionales son genuinamente micropolíticas de proximidad con objetivos y acciones reales y no representacionales. [3]

Entre los muchos proyectos colectivos que están activos en Colombia, he tenido ocasión de dialogar con los miembros de grupos como Descarrilados o Helena Producciones, ambas iniciativas residentes en la ciudad de Cali, en el Valle del Cauca, y con una misión común: la autogestión y transmisión del conocimiento en otros modelos de escuela y producción artística.[4] Colectivos que junto a los nuevos espacios de producción, difusión e intercambio apuntan hacía el cambio social y que fueron presentados y debatidos en las recientes jornadas Pensar Latinoamérica que acogió el MUSAC de León, iniciativa proverbial en estos tiempos de reflexión y saberes compartidos. [5]

No hay una cultura homogénea, ni un arte exclusivo o genuino ni en Latinoamérica ni en Colombia. Pero hasta ahora, la idea de cultura ha servido más para la segregación social que para la integración de las diferencias en un esfuerzo por mediar en la tensión dialéctica entre la diversidad y el bien común. Hallar medios para un trato igualitario de las diferentes culturas y proscribir cualquier forma de imposición cultural, también el canon occidental, es un objetivo que no ha logrado establecer procesos de trabajo desde las instituciones pero que sí ha encontrado entre los artistas contemporáneos herramientas y metodologías hábiles para repensar el alcance de tales despropósitos e intervenir en los conflictos entre alteridades.

Tras un proceso histórico complejo, Colombia ha asumido en los últimos tiempos el vértigo de la cotidianidad, instalada en un contexto de ciclos de enorme conflictividad:  la “Violencia bipartidista”, la “Violencia revolucionaria” y la “Narcoviolencia”. La producción artística en esta rutilante experiencia de pólvora y sangre cruzando líneas de polvo blanco,  ha gestado formas de producción bien dispares. [6] En el catálogo del arte colombiano actual conviven procesos formalistas de trabajo en la ruta más académica y occidental (cultura de la facilidad, la visualidad y el prestigio mercantil), entre diversos trabajos de gesto irónico que analizan la precariedad de los sistemas de representación, los lenguajes o sus políticas culturales (el vigor del relato, crítica institucional y análisis del simulacro), junto a proyectos que toman el pulso al presente en plena realidad social y política procesando una salida del silencio (prácticas en contexto, de compromiso social y político). En este  último registro de “gente que trabaja con gente”, alejados del solipsismo, artistas y colectivos han unido creación y pensamiento político en conexiones de trabajo que se evaden de las ficciones personales y las interpretaciones subjetivas en pos de operaciones más performáticas y democratizadoras del arte, de la vida. El escenario cotidiano lo reclama, el complejo proceso histórico requiere la participación de los artistas y de nuevos modelos de cultura para salir del conflicto: formas austeras y responsables que mantienen su convivencia con la antropología, la pedagogía o los estudios culturales.

Como apunta Jaime Cerón en uno de sus textos, en un lapso de poco tiempo se produce en Colombia un cambio de paradigma en las concepciones artísticas dominantes, un proceso que sitúa un nuevo conjunto de ideas para carpintear otros discursos sobre el arte reemplazando las nociones habituales por un nuevo régimen discursivo: “Entre los múltiples factores que confluyeron para producir este cambio de paradigma en el arte contemporáneo es necesario señalar, en primer lugar, el tipo de prácticas sociales con las cuales los artistas han venido a identificar el trabajo creativo durante los últimos cuarenta años, que a menudo llevan implícitas críticas directas hacia la manera como el arte era producido o discutido anteriormente (…) Resulta verdaderamente difícil separar las prácticas artísticas de carácter creativo de las prácticas discursivas que generan, pues muchas veces son los artistas los primeros en proyectar argumentos que constituirán una capa inicial de interpretaciones que van a rodear su propio trabajo.” [7] Los cambios de los últimos años han afectado paralelamente la historia, la política, la economía y el arte en Colombia. Desde los años ochenta, el país ha sufrido un periodo de enorme violencia: en 1989 el asesinato brutal de tres candidatos presidenciales, la exterminación de la izquierda civil, el desmadre del Cartel de Medellín, la corrupción política, la confrontación entre la guerrilla y los paramilitares, la destrucción de zonas campesinas bajo intereses de multinacionales químicas extranjeras, la guerra del agua y el polifacético problema de las drogas, entre muchos otros rostros de la corrupción y la barbarie.[8]

En este escenario casi apocalíptico, el inicio del nuevo milenio en Colombia coincide con la reactivación de un arte político global al que se suman una parte de los artistas colombianos. Artistas, críticos, curadores, periodistas culturales, profesores o estudiantes empiezan a ocuparse del problema territorial de una forma crítica, impulsando investigaciones, producciones y discursos alejados del ámbito de la academia y los círculos hegemónicos del arte. Sus trabajos desestiman la carga sensacionalista que el escenario social y político colombiano puede ofrecer, los estereotipos de la barbarie y el exotismo, por ejemplo. El público colombiano, ávido de imágenes desgarradoras, puede consumir DVD en los mercados callejeros donde se recopilan fotografías de escenarios dantescos con cadáveres mutilados bajo el reclamo de “verdaderos cuerpos torturados” o “imágenes de asesinatos reales”. Una escalofriante realidad que no puede convertirse en un filón estético ni comercial entre aquellos artistas que viven directamente el desasosiego de la violencia en todas sus perversiones. Si el suizo Thomas Hirschhorn organiza sus caóticas instalaciones con una hipersaturada imaginería de violencia y horror,  sus trabajos con cuerpos mutilados (víctimas del narcotráfico colombiano) son iconografías que sólo son aceptables como mercancía visual de la barbarie a temperatura de congelación, es decir, en medios confortables y lejanos, inscritos al universo de la neutralidad helvética. Para un artista colombiano la realidad de esta historia acomete registros menos morbosos y más críticos, acaso más poéticos pero nunca espectaculares.

La violencia armada, el problema de los desplazados, la contaminación del medio ambiente, las balaceras callejeras, la falta de cohesión en comunidades de indígenas y afrodescendientes, el desgaste social del narcotráfico o la falta de una esfera pública verdaderamente garante de libertad, son temas y tópicos que artistas como Fernando Botero o Nadín Ospina usan de manera oportunista para acreditar su identidad exótica en el mercado internacional del arte, pero que de ningún modo justifica una atención responsable hacia el problema y sus afectados. A las antípodas de esta postura, las empresas que gestionan otros artistas, como los integrantes de Helena Producciones, buscan en la realidad social un marco de trabajo crítico y  no un display para vender en la pantalla de la cotización del exotismo y la pura frivolidad. [9]

En esta quimérica dirección, los artistas han manejado formatos de trabajo más sociales y en contexto, más próximos a las investigaciones antropológicas o sociológicas que a los recursos historiográficos y que hacen frente al crecimiento de la insignificancia. Procesos estéticos en conexión al significado del verdadero “arte público”, identificados con la formación pedagógica, la mediación social o la práctica de una democracia directa. La diversidad de los acontecimientos políticos, sociales, económicos y culturales de la sociedad contemporánea en Colombia reclama una generosa desdefinición del arte y la posibilidad de operar en esferas que no le eran afines, armando una atalaya donde la crítica se escribe con un relato de muchas voces, donde la crítica deja de ser un formato escrito constructor de discurso para acceder a las posibilidades de gestionar una acción en tiempo real y en la misma realidad.

ES HORA DE QUE LA CRÍTICA NO SEA SÓLO ESCRITURA! HAY QUE BUSCAR QUE SEA ACCIÓN!

No tengo dudas, en Colombia existe un importante espacio para la crítica, una esfera pública dinámica y desasosegada. Y lo es en relación a la amplitud de sus problemáticas y conflictos, en la misma proporción que es una sociedad que requiere reflexión y acción transformadora. Desde la crítica ensayística, pero también desde la producción artística y la acción social, las voces del pueblo colombiano han dejado de otear el horizonte europeo para trabajar en la visibilidad de su memoria, comunidades y territorios tejiendo nuevos diálogos bajo una consigna común: Hay que buscar que la crítica sea acción! [10]

En estos momentos, la crítica colombiana ya no es subsidiaria de las líneas oficiales de la historia del arte ni de la tradición del ensayo que hace literatura sobre la reflexión del arte y la esencia misma del valor estético. La metáfora “America es un ensayo” prevalece en la memoria como un descriptor de la urgencia continental por reconocer su idiosincrasia, no sólo por el formato literario. [11] Históricamente, el ensayo ha sido el medio a través del cual podía construirse una autoconsciencia americana, una opción de emancipación intelectual en la que era posible la comprensión y el debate sobre las luchas independentistas, la corrupción política, la guerra fraticida o la programación de un futuro pacificado. En Latinoamérica, la crítica ensayística deviene ese prólogo o lugar perfecto para vincularse con la antropología, la sociología o la historiografía contemporánea y una herramienta eficaz para la emancipación del pensamiento europeo haciendo una admirable acrobacia entre el sometimiento a la autoridad de la tradición, cuestionando su absolutismo, y a la par la encarnación de una voz personal.

En palabras de Karen Cordero Reiman, refiriéndose a los formatos escritos del estudio y la interpretación del arte, traducir el arte en un relato es la base de la disciplina del arte; es convertir la experiencia sensorial o corporal, y su incorporación consciente, en categoría lingüística, en modos de ordenamiento conceptual. [12] En la diversidad de prácticas de escritura que asimilamos con la palabra “crítica”, en esta tradición de buenos ensayos críticos acreditados en su rigor literario y espíritu emancipador, la escritura sobre arte ha tenido en Colombia momentos y voces muy destacadas que han abierto las múltiples posibilidades del diálogo sin esquivar la responsabilidad de poner en práctica inéditos marcos teóricos. El legado de Marta Traba o Carolina Ponce de León, entre otros muchos,  son ejemplos de una escritura que pone en circulación ideas y juicios sobre arte en el magma de la misma historia intelectual. Voces capaces de dirimir entre los juicios estéticos sin olvida el higiénico ejercicio de criticar la crítica y reflexionar sobre el contexto específico colombiano, sus políticas culturales o las comunidades creativas. Un linaje respetable que en estos últimos años ha virado hacia nuevos medios de comunicación, como Internet, y diferentes procesos de trabajo en el campo de la producción artística en reacción al deseo de una crítica que sea “también acción”, con una voluntad de utopía de la proximidad. En este horizonte se situaba la reciente charla de Grant Kester en Medellín al referirse al “giro pedagógico en las prácticas artísticas contemporáneas”, insistiendo en la idea de que nada es posible sin una transformación ecológica que promueva la diversidad intelectual en modelos de democracia real y popular. [13]

Sitios en red como la multitudinaria esferapública o Columna de arena de José Roca, así como la escritura de autores del talante de Guillermo Venegas, Carlos Uribe, Lucas Ospina o Víctor Albarracín, son lanzaderas para el debate y archivos fundacionales de la nueva crítica colombiana. En este medio, el ensayo deja el lastre más académico para ejercitarse en una escritura propia más directa y de rápido transfondo argumental. Quizás en estos momentos se produce la fractura en la continuidad entre el “objeto de la crítica” dando lugar a una “generación de pensamiento”, como apunta Efrén Giraldez al referirse al tipo de textos que se presentan en las últimas convocatorias del Premio Nacional de Crítica en Bogotá. Las prácticas hegemónicas, estériles en su capacidad transformadora, desde el arte y la crítica, dejan paso aun enfoque crítico que persigue alterar la conciencia del observador y repensar la ciudad, el territorio o sus comunidades en la misma diversidad y conflicto. El arte público, tan debatido y mal interpretado en los foros académicos, ha de consistir en generar herramientas que abran las posibilidades discursivas de la ciudad y los ciudadanos. En Colombia saben que la función del arte no es solucionar el conflicto, sino señalarlo, visibilizarlo e incluso provocarlo. Los artistas del grupo de trabajo de Helena Producciones son un buen ejemplo.

LA ESCUELA  MÓVIL DE SABERES Y PRÁCTICA SOCIAL DE HELENA PRODUCCIONES

Desde unas prácticas artísticas menos convencionales, trabajando con pocos recursos y una generosa creatividad, el colectivo caleño de Helena Producciones reúne artistas que combaten la precariedad con ideas potentes y que se desplazan del campo de las ideas a los procesos, tal como me apuntaba Claudia Patricia Sarria conversando sobre sus trabajos y las iniciativas del colectivo de la Asociación de Artistas sin Ánimo de Lucro Helena Producciones de Cali. En una entrevista personal, la artista puso el énfasis en esta consideración de que las “ideas” son fundamentales pero más fáciles que los “procesos de trabajo” que desencadenan, y que todas sus producciones parten de ideas fuertes para desarrollar lecturas críticas donde también se pone en juego el capital de “lo inútil”.

De entre los proyectos gestionados por el grupo quiero destacar la labor y las estrategias emplazadas en la dinámica de La Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social.  Una idea que nació en el desarrollo de las actividades de investigación y práctica pedagógica realizadas por Helena Producciones en diversos proyectos de la región centro y occidente del país desde 1998. Se trata de proyectos que se han llevado a cabo en medio de las prácticas con la comunidad, en estructuras externas a sistemas formales de educación artística y tradicional. Como apuntan en su descriptor en Web:  “La Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social surge más a partir de estas experiencias, que han permitido más acercamientos a la realidad cultural, ambiental, política, histórica, social y económica de las comunidades que el contacto a través de sistemas predeterminados de intercambio cultural.” [14]

Las primeras construcciones de comunidad del proyecto Helena formularon ya una idea de Escuela que se desarrolla paralelamente a otras actividades de curaduría y producción de eventos y exposiciones, como fueron la organización del festival de Performance de Cali, surgido en 1997.[15] Transcribo sus propias palabras en la presentación y definición de los intereses y metodologías del colectivo: “Estas actividades tenían que ver con los primeros intercambios en la realización de talleres desde una perspectiva social, como el taller dictado por Helena Producciones titulado En Serio, taller de diseño y producción de la Revista de los Clubes Juveniles del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Yumbo, Valle, 2000)”. También fue intención de Helena señalar el formato de taller mostrando diferentes iniciativas de los artistas participantes en varios proyectos del colectivo. Así mismo, Helena ha desarrollado un programa pedagógico sobre arte contemporáneo y performance, bianual, abierto a la comunidad estudiantil de la región desde 1998. Pero a partir del 2005, y en el marco del 11 Salón Regional de Artistas Zona Pacífico en Colombia, aparecen las metodologías que contribuyen a la formación  de la Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social, unas estructuras idóneas para poner en práctica propuestas pedagógicas en torno a las artes.

El proyecto pedagógico de Helena siempre se inicia y plantea en el viaje, de corta o larga distancia. En cada programa, los participantes se desplazan unas semanas antes a la zona donde van a llevar a cabo la escuela. Este recurso me parece básico y proporciona una verdadera experiencia de proximidad con el territorio y sus comunidades. La convivencia con la población, sin ideas previas exportables, aporta una vivencia de la alteridad, de lo desconocido, menos antagónica y más fácil de compartir. La participación abierta e interdisciplinar entre los miembros de Helena y los habitantes de la zona es otra herramienta fundamental de trabajo.

En este esquema se han llevado a cabo diversas investigaciones y propuestas, que tuvieron acogida entre las diferentes comunidades rurales o urbanas. Estas propuestas en progreso se van transformando, mejoradas de manera colectiva, lo cual hace que la estructura de los talleres sea cada vez más dinámica, abriendo los límites y trabajando para dar respuesta a las necesidades manifiestas de conocimiento, discusión, intercambio y sostenibilidad (cultural, histórica, social, política, económica) de los participantes. La estructura de los talleres, al crecer gradualmente en proporción a su desarrollo, requiere cada vez plataformas más complejas de gestión, circulación y producción, debido a esto, Helena Producciones consideró necesario crear en su organización el programa Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social, con el fin de fortalecer los procesos, darles continuidad, soporte, sostenibilidad, cobertura, seguimiento y circulación local, nacional; además de la vinculación a redes internacionales que son parte de la estructura construida durante doce  años por Helena Producciones.

Desde 2007, comenzó en la región pacífica, la asociación de los programas Laboratorios de Investigación Creación en Artes del Ministerio de Cultura y la Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social de Helena Producciones en la propuesta denominada Laboratorio de Investigación Creación para el Pacífico Sur: Cauca, Valle y Nariño. La propuesta se diseña, gestiona y produce en la naciente estructura de Escuela.  Como explican los propios artífices del proyecto, para estos talleres se desarrolló una investigación permitida por la plataforma creada mediante el proyecto Escuela Intercultural para la Promoción de Derechos Humanos, Convivencia y Protección Social, ejecutado por la Corporación Maestra Vida y Fundecima, la cual integró un importante número de escuelas campesinas representadas en padres de familia, estudiantes y profesores. A partir de esta experiencia  surge para la formulación de la Escuela Móvil de Saberes uno de sus planteamientos básicos: “¿Usted que quiere aprender, usted que quiere enseñar?” Además de los padres de familia, alumnos y maestros, se vincularon estudiantes de arte,  artistas e investigadores en torno a un diálogo amplio y diverso acerca de la utilidad, los alcances y los límites de la educación en arte en la región, a partir de experiencias personales e institucionales en los tres departamentos (Cauca, Valle y Nariño). [16]

En 2008 la Escuela Móvil de Saberes atendió los requerimientos de tres comunidades con identificaciones culturales e históricas diversas en el departamento del Cauca: Capellanías, antiguo palenque asiento de una comunidad afrodescendiente; Caquiona, resguardo indígena; Mercaderes, comunidad mestiza de tradición colonial. Para el 2009 la Escuela Móvil de Saberes trabajó en un proyecto planteado en la necesidad de generar en Puerto Tejada (Cauca) espacios de diálogo de carácter histórico por medio de recursos como la narración oral, el dibujo, el vídeo, la producción de textos y la investigación. En principio el proyecto se formuló para sustentar a la Escuela de Esgrima con Machete de Puerto Tejada; sin embargo, no sólo se concentró en la esgrima, sino también en otros aspectos. Durante el proceso se fundó el grupo Monteoscuro 1897 como un colectivo de investigación y discusión histórica, y a partir de sus iniciativas se produjo una publicación que lleva el nombre del grupo y da cuenta del trabajo conjunto. Los procesos llevados a cabo en Puerto Tejada permitieron la conexión con otros espacios de diálogo y aprendizaje como los acercamientos e intercambios con la Casa del Chontaduro, en Cali, y el desarrollo de talleres de esgrima con estudiantes del barrio Potrero Grande.

En los diversos itinerarios de la Escuela Móvil, se ponen en lectura y debate cuestiones referentes, entre otras, a la propiedad de las tierras, las dinámicas económicas de la población, el turismo ecológico, el desarrollo comercial o la construcción de imágenes identitarias.  Partiendo siempre de los intereses de la comunidad con respecto a su entorno, el trabajo es conjunto y se desarrollan eventos y formas variables de  autoapoyo. El interés por la producción en la comunidad es fundamental en la filosofía de Helena Producciones. Desde las prácticas del diálogo y el consenso, a través de reuniones y talleres, se realizan eventos comunitarios y festivos que ponen en relación intereses comunes y dispares, explorando colectivamente nuevas ideas y extendiendo siempre los límites de sus prácticas relacionales.

EL COCO SHOW COMO EJEMPLO DE EVENTO BASADO EN LA SOLIDARIDAD

La edición de La casa por el aire recopila en textos, imágenes y conversaciones con los habitantes del lugar, la experiencia de la Escuela Móvil de Saberes y Práctica Social en las poblaciones de Juanchaco, Ladrilleros y La Barra en 2010. Estas tres poblaciones, en la costa del Pacífico, están regidas por diversas organizaciones civiles: consejos comunitarios, junta de hoteleros, cabildos idígeneas (en el caso de los wounann), además de la iglesia católica y la evangélica, que tienen gran influencia en la región. El Estado colombiano está representado por la Fuerza Armada Naval del Pacífico, la Policía Nacional y por el PAS (departamento Administrativo de Seguridad). Un mapa humano de gran complejidad para cualquier tipo de negociación.

También en esta ocasión el proyecto se inicia antes de llegar al lugar, mediante un trabajo de archivo y de campo previo. Una vez en la zona se busca descubrir el lugar en experiencias directas, incluso con un cierto sentido de aventura. En estas localidades las disputas por los beneficios que aporta el turismo han validado modelos individuales de trabajo frente a proyectos más colectivos y este será el punto de arranque de los talleres: reunir a la población y aprender compartiendo. Con la colaboración de un coordinador local se inicia el proceso pedagógico a partir de preguntas guía: ¿Qué quiere usted aprender y hacer? y ¿Qué quiere usted enseñar? o ¿Qué sabe y podría compartir? Mediante conversaciones, presentaciones e intercambios de información, con experiencias basadas en la cultura local y la vida cotidiana, Helena puede trazar un guión de trabajo con las comunidades alrededor del tema de la artesanía, los productos propios, la historia local, el desarrollo de políticas a partir de lo civil y lo cotidiano, evidenciando paso a paso las problemáticas del contexto. [17]

Los diferentes talleres de este proyecto se llevan acabo en espacios de la comunidad y mantienen registros de acción diversos, compartiendo la voluntad de aglutinar gentes fuera de disputas y recelos. Las conversaciones hacen posible revisar y confrontar las historias que se construyen en la población. Todos, desde sus bitácoras, describen e ilustran sus propias investigaciones y relatos que luego comparten en ediciones y eventos públicos de carácter festivo. En las fronteras del diseño y el arte, entre las preocupaciones funcionales y simbólicas de los artefactos cotidianos, el diseñador industrial Sammy Delgado Escobar, miembro del colectivo Konvertible, desarrolla un prototipo de muebles para vendedores ambulantes, construidos y usados por artesanos y comerciantes en el marco del evento del proyecto Coco Show, formulado según las problemáticas que se plantearon para abordar un trabajo de solidaridad entre todos y que es uno de los cuerpos destacados de la Escuela.

Coco Show es un modelo de producción artística, de comunidades creativas autogestionadas, reúne varios formatos y tiempos de trabajo buscando generar una dinámica que pueda tener continuidad. Los talleres se llevan a cabo en varios espacios, como los hoteles, las calles o las playas. Por ejemplo, para generar imagen de colectividad se imprimieron en litografía mil ejemplares de una revista dirigida, escrita e ilustrada por los participantes del taller y moradores de la región. La revista presenta la historia del lugar y su fuerte relación con el coco, básico en la identificación de la zona. También se realizan trabajos conjuntos en talleres de modistería, carpintería o aserradero con ejercicios finales que atienden las problemáticas nucleares, la realización de imágenes gráficas para identificar los negocios de los participantes y acaba con un evento festivo y comercial de participación abierta en la calle principal y el salón de reuniones del Consejo Comunitario de Juanchaco. Para este evento de la producción Coco Show, los artesanos exhibieron y comercializaron sus productos en el mobiliario diseñado en el taller y realizado por el equipo de producción contratado para el evento. Hubo espacio para la gastronomía y la música: la agrupación musical Guascanato con sus líricas comentaban la historia social y política reciente en Ladrilleros. Para este evento, los artistas integrados al grupo, realizan un proyecto individual, pero a la vez participando en este espíritu pedagógico de  enseñar, aprender y compartir. [18]

El proyecto de Helena Producciones en esta región, una de las más lluviosas del país y codiciada por los industriales del Valle del Cauca, se llevó a cabo durante las deliberaciones por declarar la zona como Parque Natural Nacional o construir uno de los muelles de aguas profundas más importantes de Suramérica. Poco más tarde, el nuevo presidente del país declaró Parque Nacional Natural y área protegida la zona de Bahía Málaga, donde se encuentran los asentamientos de Juanchaco, Ladrileros y La Barra.  Posiblemente esta decisión hará posible la preservación de la pesca artesanal, la producción de materiales para la artesanía y las posibilidades de optimizar un turismo más ecológico, mejorar el manejo de los residuos, la protección de la diversidad de especias y la riqueza cultural de las comunidades ancestrales (indígenas) y raizales (afrodescendientes), con una mayor cohesión con la comunidad foránea (colonos) y flotantes (turistas) en la zona.

Tras el paso por estos asentamientos, la Escuela Móvil de artistas sigue su curso, manteniendo la voluntad de colaborar con la comunidad en la arquitectura de lugares para el acontecimiento y la solidaridad, convirtiendo el pensamiento y la producción artística en acción crítica. Como ellos mismos rubrican: al fin y al cabo la casa es liviana y móvil…

 

 

Pilar Bonet. Congreso Internacional Del indigenismo a la interculturalidad: balance del debate identitario en la crítica de arte latinoamericana.
Universidad Carlos III de Madrid. Jueves, 20 de octubre 2011


[1] Centro de Creación y Pensamiento Contemporáneo Can Xalant, Mataró (España), www.canxalant.org. lugar a dudas es un espacio independiente sin ánimo de lucro que promueve y difunde la creación contemporánea a través de un proceso articulado de investigación, producción y confrontación, Cali (Colombia),  www.lugaradudas.org

[2] Gonzalo Castellanos V. Patrimonio cultural. Integración y desarrollo en América Latina. Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 2010. El autor, especializado en el diseño de sistemas de gestión cultural, analiza cómo la primacía de la economía sobre la política en latinoamércia debe confrontarse con la creación de un espacio cultural común que supere los intereses disonantes en una sinergia necesaria para trabajar contra las razones de la pobreza y la subsidiaridad a los centros mundiales de poder.

[3] El término “arte contextual” acuñado por Paul Ardenne o el término “estéticas relacionales” aplicado por Nicolas Bourriaud, entre los artistas latinoamericanos no es un concepto modal sino una práctica de estética de la emergencia frente a unas estructuras políticas y económicas que privan de visibilidad y voz a los territorios y comunidades más desfavorecidos.

[4] Consultar los proyectos del colectivo Descarrilados, constituido por profesores, estudiantes y artistas: http://www.urgentecali.org/participacion/artista/colectivo_descarrilados_bio.html

[5] Pensar Latinoamérica, una plataforma de reflexión crítica y dinámica acerca de un continente en constante mutación, enfrentado a desafíos económicos, políticos y sociales de envergadura, esforzado en situarse en el centro de los procesos de transformación y desarrollo de nuestro siglo y abierto a las relaciones y los intercambios culturales con el resto del mundo. Este simposio se inscribe dentro de la programación que MUSAC desarrolla acerca de Latinoamérica, un extenso análisis a través de la Historia, el Arte y el Cine, que nos permite ampliar el panorama en diferentes campos, tanto de la cultura como de la sociedad en general. Pueden consultarse las sesiones de trabajo de los distintos artistas, críticos y colectivos de producción y gestión en: http://deacmusac.es/pensar-latinoamerica

[6] Santiago Rueda Fajardo. Una línea de polvo. Arte y drogas en Colombia. Bogotá, Alcaldía Mayor de Bogotá, Fundación Gilberto Alzate Avendaño, 2009. En este ensayo el autor, investigando el tráfico de drogas en Colombia, analiza  la obra de diversos artistas que ante esa falta de construcción de nacionalidad colectiva que identifique la sociedad civil han partido de la barbarie del narcotráfico para elaborar proyectos en distintos formatos pero una visión común: un análisis e interpretación sobre la omnipresencia del tema como ascenso social, instrumento de intervención política, factor de destrucción ecológica, elemento para la financiación de la guerra, expresión extrema del capitalismo y la sociedad de consumo.

[7] Jaime Cerón, “Contraindicaciones del discurso: sobre escribir de arte”, en Errata, n.2, Bogotá, 2010. pp. 104-118. El autor analiza el papel de las ediciones de arte colombianas como medio para producir y gestionar nuevas voces críticas.

[8] El término popular hace referencia al paramilitarismo en Colombia, a la acción de ciertos grupos armados y al margen de la ley que se organizan a partir de los años 70 con el fin de combatir a los grupos armados de extrema izquierda, las guerrillas colombianas. Las guerrillas buscaban afianzar su liderazgo y legitimar su presencia en la vida social y política de Colombia, buscando influencia a través de ganar la simpatía de los sectores campesinos del país.

[9] Sobre estas reflexiones, el artículo de Magaly Espinosa Delgado aporta ejemplos y analíticas críticas interesantes. Magaly Espinosa Delgado, “Estudios Culturales y multiculturalismo: el campo expandido de la crítica de arte”, en La crítica de arte. Entre el multiculturalismo y la globalización. Medellín, La carreta Editores, 2008. pp. 13-40.

[10] La exclamación !Es hora de la que crítica no sea sólo escritura! !Hay que buscar que sea acción! aparece en el texto de reflexión sobre la crítica que Efrén Giraldo publica en la introducción del volumen dedicado a los ensayos premiados en la convocatoria de la Universidad de los Andes. Efren Giraldo, “Ensayos y fallos en el Premio Nacional de Crítica de Arte, Un paseo por los suplementos”, Ensayos sobre arte contemporáneo en Colombia 2008-2009, Bogotá, Universidad de los Andes, 2010. pp. 15-45.

[11] En 1963, Germán Arciniegas publica en la revista Cuadernos un artículo con este título donde el autor investiga y relata como la idea de América había estado el vinculada a la experiencia litarria del género inventado por Montaigne y que en la primera mitad del siglo XX ahn sido las más importantes reflexiones sobre la interpretación de la realidad latinoamerciana. Citado por Efrén Giraldo.

[12] Karen Cordero Reiman, “La escritura de la historia del arte: sumando(se) subjetividades, nuevas objetividades, en Errata, n. 2. Bogotá, 2010. pp. 22-43.

[13] Grant Kester (EE.UU.) es una de las principales figuras en el diálogo crítico emergente alrededor de prácticas artísticas “dialógicas” o “relacionales”. Entre sus publicaciones se encuentran: Art, Activism and Oppositionality: Essays from Afterimage (1998), Conversation Pieces: Community and Communication in Modern Art (2004) y The One and the Many: Contemporary Collaborative Art in a Global Context (2011). Participó en las sesiones del Museo de Antioquia en Medellín en el marco del evento de arte público MDE11. Visionar su intervención en: http://esferapublica.org/nfblog/?p=19546

[14] Para este relato, sigo las informaciones y la documentación de la edición que presenta los proyectos y de la que he tomado prestado el título de mi intervención. AA.VV. La casa por el aire. Santiago de Cali,  Helena Producciones, 2010.

[15] “El Primer Festival Municipal de Performance es una exhibición curada -en el sentido de dar una dirección, dar forma a un evento, dar forma a un concepto- organizada y producida por Juan Mejía y Wilson Diaz en la carrera 1 # 18- 65 , el 20 de Noviembre de 1997 en un antiguo billar el cual fue bautizado irónicamente “Museo Welcome”, con un aviso que se colocó a la entrada de este espacio. Este primer Festival de Performance tuvo un carácter experimental y de investigación pues se realizó con el propósito de ver y descubrir quiénes y cuántos eran los artistas interesados en expresar su pensamiento y materializar su obra en este tipo de técnica en la ciudad de Cali. Se realizó una invitación abierta a participar como exponente, y como público, claro está teniendo en cuenta que por el carácter íntimo? underground del mismo evento (además por motivos económicos), la convocatoria no fue masiva, pues se realizó un afiche en fotocopia (una técnica interesante por su carácter de reproducción barata y, además, económica) que se colocó en todos los sitios donde pensamos encontrar un público interesado en este tipo de manifestación y en la creación de una escena artística local flexible, atractiva y actual.” http://www.helenaproducciones.org/festival01.php

[16] Para esta descripción de los procesos y objetivos, sigo sus propias anotaciones en diversos artículos y mapas de trabajo que elaboran los integrantes de Helena Producciones. Se trata de apuntes literales de sus informaciones.

[17] En el libro La casa por el aire se reúnen algunos relatos de los habitantes de las poblaciones, en primera persona, que ponen de manifiesto el protagonismo de la comunidad.

[18] El colectivo que se conformó durante los talleres en esta zona estuvo compuesto por Yonamine (Angola), Samuel Tituaña (Ecuador) y Edison Quiñones (Colombia) que trabajó en torno a la fotografía. La artista Alejandra Gutiérrez (Colombia), propietaria de un restaurante en Cali, realizó un taller sobre la cocina y la comida.  Jennys Fernando Obando (Colombia) diseñó ejercicios de dibujo basados en los utensilios y espacios de la cocina con los participantes del taller. Ana Olema Hernández (Cuba) inció allí su futuro proyecto Leviatán. Otros artistas participaron del Coco Show:  Juan Carlos León preparó un evento gastronómico gratuito en que que se preparó el corviche, Eliana Otta (Perú) presentó dibujos, muñecos o llaveros, que se intercambiaban con dibujos  del mismo objeto realizado por quien lo deseaba. Alejandra Gutiérrez realizó un acercamiento a la chigua por medio de dibujos y frutos encontrados.