Estupor… Hans Haacke en Martorell

Justo al entrar en el Muxart Espai d’Art i Creació de Martorell, población cercana a Barcelona, me sorprende una obra de Hans Haacke. Estupor, aunque no temblores, por la presencia de este artista internacional en un centro de reciente inauguración y con un programa de autores y comisarios emergentes.
En la sala está la obra de Haacke, Grass grows, un montículo de tierra donde germina césped natural que a pesar de las condiciones del interior sigue indiferente su proceso de crecimiento. Simple y natural, un sistema con vida propia de la misma genealogía crítica de las obras Condensating Cube o Bowery Seeds. Una pieza que no representa nada, que es ella misma una realidad autónoma y aleatoria, ahora un sistema donde se ponen en relación diversos elementos, unos naturales y otros narrativos.

El césped crece en función de las condiciones de la sala. Esta relación sigue un proceso ajeno al techo institucional que lo alberga y el público no puede identificar las variables del tiempo de germinación. Algo parecido a un azar botánico del que se apropia el mismo sistema del arte. Haacke con esta obra nos presta un contrapunto orgánico al sistema constitucional del arte, a sus flujos económicos y políticos. Grass Grown (1969-2012) es una obra autónoma que sólo reacciona a su entorno, ajena a los propósitos o el trabajo del autor, también a la recepción del espectador o los intereses institucionales. La realidad se sobrepone al protocolo del espacio cultural y el montón de hierba se independiza del artista cuestionando en silencio el concepto mismo de autor o de originalidad. El proceso natural se transforma en el museo en proceso narrativo mediante una teatralización, un artificio retórico.

Haacke es el creador biológico de esta obra, realizada en diversas ocasiones y actualmente en el Haus der Kunst de Munich. En Martorell, el verdadero autor del césped es Pep Vidal que mediante técnicas y procesamientos de alta precisión y esfuerzo realiza una obra igual en forma y volúmen a la del artista alemán. El propósito es algo tan inútil, y en este caso imposible, como copiar la aleatoriedad del crecimiento de la hierba en otro lugar y a partir de otra obra artística. Doble paradoja, simétrica aporía que asume este proyecto.

Esta obra, el remake de Grass Grown, forma parte del programa expositivo Apropiació indeguda (apropiación indebida) comisariado por Laura Bel y Rafael Haro. Todos los proyectos que van apareciendo en las salas del espacio Muxart de Martorell, en diferentes tiempos y artistas (Ellen Wilkinson, Cristina Prats, Alba Aguirre, Joana Santamans, Oriol Sánchez, Albert Alcoz y Nico Roig), son procesos de apropiación o desvío de recursos y narrativas de otras piezas o registros conceptuales. El difuso concepto de “apropiación” guía este proyecto y Pep Vidal direcciona su obra en tres objetivos: seguir cuestionando la noción de autoría mediante la apropiación de una obra de Haacke, observar la inutilidad de la tecnología en procesos científicos o estéticos y reflexionar sobre la imposibilidad de poder reproducir ciertos sistemas que, de forma natural y sencilla, nos rodean.

Para Pep Vidal, un matemático ahora en producción de crítica y arte contemporáneo (www.pepvidal.com), las variables desconocidas en cualquier sistema natural son aleatorias y, como el azar duchampiano, trazan la frontera entre lo que conocemos y lo desconocido. La ciencia y el arte comparten este reto. Es imposible, quizás gratuito, determinar cómo y cuando crecerá la hierba en este espacio no natural, pero a lo largo de las semanas de exposición Vidal se somete a un minucioso proceso técnico de simulación haackeana. El artista conoce con precisión el estado de la obra de Haacke y se esfuerza en replicarla con meticulosidad, acotando el espacio y usando tecnologia 3D para su construcción. La obra se inicia el día de la inauguración y una semana más tarde se concluye con un mínimo error de copia. Cada semana se repite el proceso comparativo, entre la obra de Munich y la de Martorell. Mediante reparaciones técnicas, los dos montículos siguen casi exactos a pesar de las diferencias del lugar y condiciones climáticas.

El uso desproporcionado de la tecnología y métodos matemáticos que practica Pep Vidal en todo el proceso de constitución y restauración del montículo de hierba, una autoridad que legitima el esfuerzo humano, no pueden evitar la experiencia frustrante de la inutilidad, de la tecnología al servicio de un desvarío retórico. Copiar, replicar, la simplicidad de la hierba que crece y hacerlo a través de una obra artística concreta y reconocida supone una teatralización, es decir, una temporalidad entre la presencia de la obra y su performatividad. La estructura de repetición, como un bucle, crea una obra sin expectativas ni resonancia psicológica que sólo muestra la imposibilidad de una determinada posición de poder del discurso científico o artístico. Ante este gesto, con todos los referentes y en un nuevo espacio para el arte contemporáneo en tiempos de recesión, no puedo obviar mi estupor celebratorio: Haacke, Vidal, Muxart, Munich y Martorell me seducen con la erótica del fracaso y el poder de las periferias, de los desvíos como táctica constitutiva de sentido.

Estupor… Hans Haacke en Martorell. Proyecto de Pep Vidal